Política

El legado inmortal de Jacques Lacan

16/04/2026 2 min de lectura Por Redacción
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En 1918, a los 17 años, Jacques Lacan escribió a su padre una carta que revelaba su mentalidad crítica y su rechazo a las narrativas establecidas. En ella, afirmaba su método científico: observar fenómenos, estudiar sus leyes y luego actuar, rechazando las tradiciones retrógradas que frenaban cambios transformadores. Esta actitud marcó su trayectoria, donde siempre priorizó una revolución lenta y fundamentada en realidades, no en utopías.

Lacan, formado en medicina y psiquiatría, integró filosofía, literatura y surrealismo en su pensamiento, distanciándose de los encuadres rígidos de su época. Su lectura de Freud, iniciada en 1955 con el seminario «Retorno a Freud», transformó el psicoanálisis al vincularlo con lenguaje, matemáticas y filosofía, alejándolo de su base biológica. Su enfoque no se limitaba al consultorio: quería que el psicoanálisis influyera en la cultura, no solo en el tratamiento de neurosis.

En 1963, fue expulsado de la Asociación Internacional de Psicoanálisis por cuestionar los cánones institucionales. Lacan consideraba que el psicoanálisis había perdido su esencia, adaptándose a un orden que Freud había criticado. Para él, la verdad psicoanalítica debía ser inquietante, no digerible ni comprensible fácilmente. Su estilo, tachado de críptico, buscaba rescatar el psicoanálisis del oscurantismo y hacerlo un debate de luces.

Fundó la Escuela Lacaniana, inventó el «pase» como dispositivo para testimoniar la experiencia analítica y asegurar su rigurosidad científica. Disolvió su Escuela cuando se alejó de sus principios, afirmando que el psicoanálisis debía priorizar su esencia sobre el confort. Su legado, lejos de desvanecerse, se profundiza con el tiempo, demostrando que su crítica a las tradiciones y su compromiso con el pensamiento transformador siguen siendo relevantes.

La obra de Lacan, influenciada por Freud, Clérambault, surrealistas y filósofos, no solo redefinió el psicoanálisis, sino que lo convirtió en una lectura de la civilización. Su legado no es un mero recuerdo histórico, sino una llamada constante a no domesticar la verdad psicoanalítica y a enfrentar las fuerzas que intentan silenciarla.