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Cuba acepta dialogar sobre la ayuda de EE.UU.: Díaz-Canel exige combustible, comida y medicamentos

14/05/2026 4 min de lectura Por Redacción
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El gobierno cubano dio un giro notable en su postura y reconoció abiertamente la profundidad de la crisis que padece la isla, al responder este jueves a la propuesta estadounidense de asistencia humanitaria por 100 millones de dólares. Miguel Díaz-Canel admitió que las necesidades más urgentes del país se resumen en tres rubros: «combustibles, alimentos y medicinas».

El mandatario cubano publicó un mensaje en la red social X en el que aseguró que, si la intención de Washington es genuina, Cuba no pondrá trabas ni mostrará desagradecimiento. El tono fue notoriamente más conciliador que el de días anteriores, cuando el propio régimen había desestimado la oferta norteamericana calificándola de «fábula».

Pocas horas antes, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla había allanado el terreno al declarar que La Habana estaba dispuesta a escuchar los detalles concretos del ofrecimiento y conocer de qué manera se llevaría a la práctica. También aclaró que el gobierno cubano no tiene por costumbre rechazar la cooperación internacional y que no habría objeciones en articular la distribución junto a la Iglesia Católica, con quien —según sus propias palabras— existe una experiencia de trabajo «rica y productiva».

El Departamento de Estado había reafirmado el miércoles su propuesta, precisando que la entrega de fondos se canalizaría a través de organizaciones humanitarias independientes y de la Iglesia Católica, sin pasar por las estructuras del Estado cubano. La administración Trump dejó en claro que la decisión de aceptar o rechazar la asistencia recae exclusivamente en el régimen de La Habana.

Sin embargo, Díaz-Canel no abandonó del todo la retórica oficial y volvió a señalar a Estados Unidos como responsable del colapso económico y energético que atraviesa Cuba. Sostuvo que la situación podría resolverse de manera más rápida y sencilla si Washington levantara o atenuara el embargo. Desde enero, el gobierno norteamericano reforzó las sanciones e impuso restricciones al suministro de petróleo hacia la isla, medidas que el régimen identifica como factores determinantes del deterioro actual.

La crisis energética llegó a niveles críticos en las últimas semanas. Extensas zonas del país llevan jornadas enteras sin electricidad, producto de la escasez de combustible y del mal estado de la infraestructura de generación. El ministro de Energía, Vicente de la O Levy, confirmó que las reservas de petróleo recibidas desde Rusia «se agotaron» y describió el panorama como «muy tenso».

La desesperación de la población comenzó a traducirse en protestas espontáneas en distintos barrios de La Habana y otras ciudades. Vecinos que llevan más de 19 horas sin luz salieron a hacer cacerolazos y a reclamar a los gritos el restablecimiento del servicio eléctrico.

Por su parte, el senador Marco Rubio fue uno de los principales impulsores de la iniciativa desde Washington. Afirmó que Estados Unidos ya desembolsó seis millones de dólares en ayuda a través de Cáritas y otras organizaciones religiosas, y anticipó que el monto podría incrementarse siempre que los fondos lleguen directamente a la ciudadanía cubana, sin intermediación del aparato estatal.

A pesar de los gestos de apertura, el canciller Rodríguez Parrilla insistió en denunciar lo que definió como una «guerra económica» y advirtió sobre el riesgo de que la ayuda humanitaria esté acompañada de condicionamientos políticos. La tensión entre la necesidad urgente de asistencia y la desconfianza ideológica sigue marcando el pulso de las negociaciones.

Fuente original: Infobae