La situación humanitaria en Venezuela ha alcanzado una fase crítica tras los potentes terremotos que sacudieron el país el pasado 24 de junio. Tanto la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) han emitido una alerta, subrayando la urgencia de la demanda de asistencia. La ONU lanzó un llamado global para recaudar casi 300 millones de dólares, fondos vitales para socorrer a 1.3 millones de personas afectadas, mientras que la OPS advirtió que la emergencia sanitaria está lejos de ser superada.
En el estado de La Guaira, una de las zonas más castigadas por los sismos, miles de residentes acuden diariamente a puntos de asistencia como cocinas comunitarias, clínicas móviles y hospitales de campaña, que fueron instalados por organizaciones no gubernamentales y agencias internacionales. La ayuda se extiende tanto a quienes perdieron sus hogares como a aquellos que, a pesar de mantener sus viviendas, requieren atención médica o medicamentos esenciales. Tom Fletcher, jefe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, explicó que las necesidades evolucionaron: inicialmente se trataban fracturas y heridas agudas, pero ahora predominan las enfermedades crónicas y otros problemas de salud a largo plazo, haciendo indispensable la presencia continua de los equipos.
Los profesionales de la salud que operan en Catia La Mar reportaron un preocupante aumento de afecciones cutáneas, casos de diarrea y una creciente demanda de medicación para enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión. Estos problemas se atribuyen al hacinamiento en los refugios y a las precarias condiciones de saneamiento y acceso a agua potable, deficiencias que ya existían en muchas comunidades antes de los sismos. Las cifras oficiales son alarmantes: los terremotos provocaron el colapso de 190 edificios y daños en otros 856, dejando a unas 18.000 personas sin hogar y un saldo de 3.811 fallecidos y 16.740 heridos tras los dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5.
La respuesta sanitaria, según la OPS, se encuentra en una etapa decisiva. La organización movilizó 9 millones de dólares de los 24 millones que considera necesarios para afrontar la emergencia, enfatizando que la prioridad sigue siendo salvar vidas, asegurar el funcionamiento de los servicios de salud esenciales y prevenir nuevos riesgos. El director de la OPS, Jarbas Barbosa, detalló que los principales peligros poscatástrofe incluyen interrupciones en la atención médica, el hacinamiento, el acceso limitado a agua segura, la vacunación y el impacto psicológico tanto en la población como en el personal de salud. La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres estimó los daños físicos directos en viviendas e infraestructura en unos 37.000 millones de dólares.
A pesar de la magnitud del desastre, Tom Fletcher también destacó un cambio positivo en la relación entre el gobierno venezolano y las organizaciones humanitarias. Explicó que, ante una crisis de tal envergadura, las diferencias políticas suelen quedar a un lado para priorizar el rescate y la asistencia a la mayor cantidad de vidas posible, una dinámica que, según él, se observa en la actual respuesta. Este esfuerzo conjunto subraya la urgencia de la situación y la necesidad de una cooperación internacional sostenida para mitigar el impacto de esta compleja emergencia.
Fuente original: Infobae




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