La provincia de Tucumán revivió un capítulo doloroso de su historia reciente con un emotivo acto organizado por la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. El evento conmemoró el 57º aniversario del cierre de los ingenios azucareros, una decisión tomada en 1966 por el entonces presidente de facto Juan Carlos Onganía que marcó profundamente el destino de miles de familias tucumanas.

Aquel 22 de agosto, un decreto gubernamental ordenó el cierre de once ingenios, la columna vertebral de la economía provincial. Esta medida dejó sin sustento a más de 50.000 trabajadores y provocó un éxodo masivo de aproximadamente 200.000 personas, quienes, buscando nuevas oportunidades, se vieron forzadas a emigrar, principalmente hacia la provincia de Buenos Aires. Las consecuencias sociales y económicas de este desarraigo aún resuenan en la sociedad tucumana, dejando una herida que, en muchos casos, perdura hasta hoy.

La iniciativa de la Secretaría de Cultura municipal, destacada por su pertinencia y sensibilidad, tuvo como objetivo rescatar del olvido este hito crucial y transmitir su significado a las nuevas generaciones. El acto, celebrado en el histórico museo Casa del Obispo Colombres en el Parque 9 de Julio, combinó calidad artística y un profundo sentido de pertenencia.

Durante la velada, autoridades y vecinos disfrutaron de un espectáculo variado que incluyó la actuación de la Banda de Música Municipal, bajo la dirección del Maestro Enrique Vera, con interpretaciones folclóricas que cosecharon aplausos. La vocalista Adriana Tula conmovió a los presentes con una versión de «Lunita tucumana» de Atahualpa Yupanqui, considerado el himno folclórico de la provincia. También se presentó el ballet folclórico El Payucano, rindiendo homenaje a los trabajadores zafreros. Un momento cumbre fue la exposición audiovisual «El azúcar menos dulce», de la licenciada Silvana Firpo, una obra de revisión histórica que invita a la reflexión y a la cual se recomienda visitar. La noche culminó con la proyección de un «mapping» sobre la fachada de la casona colonial, cerrando un evento cargado de emociones y memoria.

Fuente original: La Gaceta