Cristian, de 28 años, espera en la Avenida Goyena, en Caballito, con la bicicleta y la caja de PedidosYa. Desde el año 2023, reparte en la ‘franja de oro’ entre las 19 y las 21, cuando la demanda de delivery es más alta. Trabaja de día en una carnicería en Almagro y estudia Enfermería. ‘Las noches vienen flojas’, confiesa, mientras mira su celular, esperando un nuevo pedido.
La Corte Suprema de Justicia bonaerense ratificó en abril de 2026 que los repartidores de Rappi y PedidosYa operan bajo relación de dependencia, no como ‘colaboradores independientes’. Este fallo, que desestima la figura promovida por las empresas, representa un golpe en su modelo de negocios. Sin embargo, para Cristian y otros trabajadores, la realidad sigue siendo precaria: no tienen ART, vacaciones ni protección ante accidentes.
Fabián, de 25 años, reparte para Rappi de noche y estudia Educación Física de día. ‘Me da pena por los pibes del conurbano’, dice, mientras habla de robos y accidentes. Candela, repartidora eventual de PedidosYa y diseñadora gráfica, explica que las tarifas varían según la categoría: de ‘bronce’ a ‘diamante’, con ganancias que oscilan alrededor de 20 mil pesos diarios, dependiendo de las propinas.
El modelo de plataformas, que promueve la autonomía, se ve cuestionado por la realidad: los trabajadores no participan en la toma de decisiones ni en la fijación de precios. Según el abogado laboralista Juan Ottaviano, la clasificación como ‘cuentapropistas’ es un ‘como si fueran’, ya que los repartidores están sujetos a algoritmos que controlan sus pedidos, tiempos y rutas. Eduardo Chávez Molina, investigador del Instituto Gino Germani, habla de ‘datificación del trabajo’, donde los datos generados por los trabajadores permiten un control en tiempo real.
La reforma impulsada por Javier Milei, que encuadró a los trabajadores de plataformas en el Código Civil y Comercial, ha profundizado la precariedad. Las multas impuestas a empresas como Rappi (16 millones de pesos) no llegan a los bolsillos de los repartidores. Mientras, en países como España o Chile, se avanza en regulaciones que reconocen la laboralidad de estos trabajadores. ‘Necesitamos el reconocimiento sindical para negociar derechos’, afirma Belén D’Ambrosio, líder de SiTraRepA. En un contexto de aumento del desempleo, los repartidores siguen luchando por condiciones dignas, aunque el camino hacia la regulación parezca lejano.

