Hay personas que aparecen en una vida y, sin hacer demasiado ruido, terminan convirtiéndose en parte de ella. No necesitan una foto, una cámara ni un lugar en el escenario para demostrarlo. Están. En las buenas, en las malas, en los viajes, en las noches interminables, en los momentos de gloria y también en aquellos que duelen tanto que cuesta encontrar palabras para contarlos. Valeria Protto, aunque casi nadie la conoce por su verdadero nombre, es Zeta . Y si algo dejó al descubierto la serie sobre Moria Casán es que detrás de la mujer que durante décadas hizo de la exposición una forma de vida existe otra historia, mucho más íntima, protagonizada por una amistad que hace tiempo dejó de ser solamente eso.

“Conmigo es más que una amiga, es una hermandad” , dice Zeta en charla exclusiva con Teleshow , cuando intenta explicar qué significa Moria en su vida. Lo repite casi como una fórmula, pero no porque necesite convencer a nadie: lo hace porque, después de más de dos décadas compartidas, parece no encontrar otra palabra capaz de abarcar todo lo que vivieron juntas. La ficción inspirada en la vida de la diva, estrenada el 14 de agosto y protagonizada por Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth en distintas etapas, volvió visible para millones de espectadores a una mujer que durante años eligió deliberadamente permanecer detrás de cámara. En la serie, Zeta es interpretada por María Fernanda Callejón .

Pero la mujer que aparece en la pantalla es apenas una pequeña parte de la historia. “Yo siempre digo que lo que vimos en la serie es menos de un día de lo que yo paso con ella. Imaginate veinte años. Es imposible de contar” , detalló la empresaria.

Sabía que el proyecto iba a ser importante, pero nunca imaginó semejante repercusión: “Sí me imaginaba que iba a ser algo potente, ¿viste? Una cosa potente. Nunca me imaginé el nivel de lo que tomó. Es de otra dimensión” , reconoció. Y enumera uno de los datos que, desde el comienzo, le había hecho comprender que aquello podía convertirse en algo enorme: “Supe al principio que iba a estar en más de 190 países y más de 40 idiomas. Es una barbaridad esto, es una locura lo que está pasando”.

Después se ríe, porque también entiende que cualquier historia relacionada con la diva inevitablemente termina teniendo algo de espectáculo: “Estallamos de la felicidad. Me imaginaba algo espectacular y esto supera todo, es lo más, es una revolución que hubo ”.

Para Zeta, esa singularidad no tiene que ver solamente con la fama: “Hay artistas de la hostia en este país, pero no del nivel de la Negra, que abarca todo. Va al canal, de ahí a un streaming, hace cuarenta notas, ir a un homenaje y después al teatro a trabajar. Y después nos vamos a cenar ¿Entendés lo que te digo? Y después llegamos a casa y estamos con los perritos”.

Moria no para. Nunca paró. Y Zeta lo sabe mejor que nadie porque muchas veces la mira desde un costado, casi incrédula, tratando de entender de dónde sale semejante energía: “Yo quedo tirada a veces en el lugar con los perros, mientras ella va al teatro, vuelve y yo sigo con los perros ahí sentada mirando el televisor porque no puedo creer”, cuenta entre risas.

La amistad nació hace aproximadamente dos décadas, aunque el comienzo tuvo algo bastante menos épico de lo que podría imaginarse. Zeta estaba en pareja con quien hoy continúa siendo su marido y ambos fueron socios del recordado “Moria Restó y +”.

Fue allí donde se conocieron. Y lo que empezó como una relación vinculada a un proyecto laboral terminó convirtiéndose en una de esas amistades que ya no necesitan explicaciones: “Empezamos a relacionarnos hasta que nos enganchamos y no nos soltamos nunca más” .

Desde entonces, la convivencia emocional entre ambas se volvió casi permanente. “Vivimos la mitad del año juntas” , cuenta. Y explica que ese vínculo incluso se sostiene en una dinámica familiar poco convencional pero absolutamente natural para ellas. Cierra los ojos y su cabeza se traslada a la quinta en Parque Leloir: “Amo el lugar. Lo que nos hemos divertido ahí”.

También están Mar del Plata, Córdoba y los viajes. “La Negra es la que te dice: ‘Negra, voy a hacer temporada, vamos’” . Y Zeta va. Casi siempre va. Porque estar con Moria, explica, nunca es simplemente acompañarla: es entrar en una película que no se detiene.

“Vivimos pegadas”, insiste. Y cuando se separan, aparece la falta. “ Por ahí yo me voy diez días a mi casa, pero me vuelvo al toque y me quedo quince en lo de ella. La re extraño. Cuando me voy, a los dos días tengo depresión”.

“Es una amiga muy divertida. Yo no me aburro. No te podés aburrir” , dice. Y empieza a reconstruir esas pequeñas escenas que, probablemente, son las que mejor explican una amistad: “Vos por ahí estás tirado acá, ella está divina. Entonces viene y dice: ‘¿Nos vamos a caminar?’, ‘Hermana, vámonos a picar algo allá a la esquina’, o ‘Hermana, ¿nos vamos al cine?’”.

No hace falta demasiado. Ni grandes eventos ni una multitud alrededor. Para ellas, la felicidad está en esos momentos mínimos. También está Galo, el asistente de La One, a quien Zeta considera otro hermano de la vida. Y está Sofía Gala, la hija de Moria, que con el tiempo dejó de ser simplemente la hija de su amiga para convertirse en parte de su propia familia.

“Mi familia no son sólo mi hija y mi marido, sino Moria, Galo y los nenes de Sofi y Sofi. Esa es mi familia”. Lo dice sin solemnidad. Como quien enumera las personas que sabe que están. Las que forman esa pequeña cápsula afectiva en la que, según explica, pueden hacer de todo: “Nos metemos ahí adentro en esa cápsula y nos divertimos mucho. Hacemos todo. La pasamos divino”.

Y hay algo que Zeta destaca especialmente: nunca hubo competencia entre ellas, que podrían haber convertido la ropa, la exposición o la atención en una batalla permanente. “No hay rivalidad, competencia”, afirma. “La cosa de ‘vos te pusiste una tanga, yo me pongo más tanga que vos”.

Volviendo a la serie, explicó: “Me encantó lo que vi”, dice. “Refleja un poquito de cada una de esas charlas íntimas que tenemos, que son diez millones las que hemos tenido”. En esas palabras aparece el verdadero valor que ella le encuentra a la ficción: no contar exactamente lo que fueron, sino dejar una marca de lo que son.

“Para mí fue un regalo”. Al principio, sin embargo, tuvo miedo: “Primero estaba aterrada. Primero digo: ‘¿Qué van a mostrar?’” . Hasta que conoció a quienes estaban detrás del proyecto y, especialmente, a María Fernanda Callejón, que sería quien la interpretaría. “Me enamoré y ya me entregué”.

Fuente original: Infobae

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