Con unos trescientos adultos y casi la misma cantidad de niños, el pequeño pueblo de Bath, a unos 16 kilómetros de la ciudad de Lance, en Michigan, en un lugar donde literalmente no pasaba nada para alegría del sheriff Robert “Bob” Fox, que llevaba una vida apacible. En los días malos, que eran muy pocos, se topaba con el dolor de cabeza de algún hurto menor o, como delito grave, con el robo de una o dos cabezas de ganado en los campos de las afueras. Por eso el mundo se le vino literalmente abajo la mañana del 18 de mayo de 1927, miércoles en el almanaque, cuandola escuela voló por los aires, se incendió la casa de un granjero que, además, se suicidó en su camioneta. La cuenta que se hizo al final del día fue de 44 muertos –38 chicos y seis adultos– y 58 heridos. En medio de tanto desastre acumulado, el sheriff Fox no sabía si los tres hechos estaban relacionados y recién comenzó a sospecharlo al día siguiente, cuando al revisar los restos de la casa incendiada del granjero Andrew Keh

Fuente original: Infobae