Una imagen de 1957 convirtió a Elizabeth Eckford y Hazel Bryan en símbolos de dos lados opuestos de la lucha contra la segregación; décadas después, se reencontraron

El 4 de septiembre de 1957, Elizabeth Eckford llegó sola a la escuela. Tenía 15 años y la noche anterior casi no había dormido de los nervios. Esa mañana iba a ingresar, junto con otros ocho estudiantes negros, a Central High School, una secundaria de Little Rock, Arkansas, que hasta entonces había sido solo para alumnos blancos. A último momento, los organizadores decidieron que los nueve se encontrarían antes y entrarían juntos. Pero en la casa de Elizabeth no había teléfono y nadie pudo avisarle.

Cuando llegó, encontró soldados, periodistas y una multitud que se oponía a su ingreso. Intentó avanzar, pero la Guardia Nacional le cerró el paso. Entonces siguió caminando, con los cuadernos apretados contra el pecho, mientras alrededor crecían los insultos. Detrás de ella iba otra chica de 15 años, Hazel Bryan .

En ese instante, el fotógrafo Will Counts levantó la cámara y tomó una imagen que recorrió el mundo. Lo que ocurrió esa mañana de Little Rock se convirtió en uno de los símbolos de la lucha por los derechos civiles. Incluso, años más tarde, esa historia sería una de las que inspirarían a Paul McCartney al escribir “Blackbird”. Pero para Elizabeth y Hazel la historia de esa foto recién empezaba.

En la imagen, Elizabeth avanza con la mirada fija hacia adelante y los cuadernos apretados contra el cuerpo. Hazel aparece detrás, con la boca abierta gritando. Las dos tenían la misma edad. Años después, Elizabeth recordaría que ese día buscó entre la multitud algún rostro amable, alguien que pudiera ayudarla. Creyó encontrarlo en una mujer mayor. Pero cuando se acercó, la mujer la escupió.

En 1954, la Corte Suprema de Estados Unidos había prohibido la segregación racial en las escuelas públicas, pero en gran parte del sur muchos se resistían a aceptar el cambio. Little Rock fue uno de esos lugares. Tres años después, las autoridades escolares eligieron a nueve estudiantes negros para iniciar la integración de Central High School. Elizabeth era una de ellos. El gobernador de Arkansas, Orval Faubus, se opuso y dos días antes del inicio de clases ordenó desplegar a la Guardia Nacional frente a la escuela. Dijo que buscaba evitar disturbios y mantener el orden. Pero cuando los estudiantes negros intentaron entrar, los soldados les cerraron el paso.

Elizabeth no sabía nada de eso cuando salió de su casa esa mañana. Tomó el colectivo y caminó las últimas cuadras hasta la escuela. Recién al acercarse vio a los soldados y a la multitud.

Intentó entrar por un extremo del edificio, pero un soldado le cerró el paso. Probó por otro lado y ocurrió lo mismo. Para entonces, la gente había empezado a seguirla. Elizabeth caminó hasta una parada de colectivo y se sentó a esperar. Allí permaneció unos 35 minutos, rodeada todavía por parte de la multitud y por periodistas. Will Counts ya había tomado la fotografía.

Mientras Elizabeth volvía a su casa, la imagen empezó a circular. En cuestión de horas apareció en distintos medios. La chica de anteojos oscuros pasó a representar a quienes reclamaban el fin de la segregación. Mientras que la otra adolescente, parada detrás gritando, quedó asociada con quienes rechazaban la integración. Pasarían varios años antes de que Elizabeth identificara ese rostro con un nombre.

Seis años después de aquella mañana, Hazel decidió buscar a Elizabeth. Aunque la foto era conocida, ellas seguían siendo dos extrañas. Nunca habían hablado.

Hazel consiguió su número y la llamó. Le explicó que era la chica que aparecía detrás de ella en la foto, gritándole, y le pidió perdón. “Le dije quién era, que era la chica de la foto que le estaba gritando, que lo sentía, que había sido algo terrible y que no quería que mis hijos crecieran siendo así”, contó Hazel años después.

Elizabeth aceptó sus disculpas. Años después diría que Hazel le había parecido sincera y que apenas tenía identificado su rostro porque durante mucho tiempo había evitado mirar la foto.

Después de esa llamada cada una siguió con su vida. No se hicieron amigas, pero desde entonces, cuando los periodistas le preguntaban a Elizabeth si sabía quién era la chica de la foto, la joven evitaba identificar a Hazel. “Sentía, de algún modo, que debía protegerla”, admitió luego.

Durante esos años, las dos tomaron caminos muy distintos. En 1967, Elizabeth se incorporó al Ejército y más tarde volvió a Little Rock, donde trabajó en organismos públicos y trabajó supervisando a personas que cumplían condenas en libertad. Hazel se casó joven, tuvo dos hijos y, después, se involucró en tareas de apoyo a adolescentes afroamericanas embarazadas y a estudiantes de minorías.

Pasaron más de treinta años sin contacto. Hasta que, en 1997, cuando se acercaba el 40° aniversario de aquella mañana, surgió una idea inesperada: volver a reunirlas frente a la misma escuela.

En septiembre de 1997, cuarenta años después de aquella mañana, Elizabeth y Hazel volvieron a encontrarse. La idea surgió en la organización de los actos por el aniversario de la integración de Central High School. Will Counts, el mismo fotógrafo que había tomado la imagen de 1957, fue quien las reunió.

Antes de posar, Hazel fue a la casa de Elizabeth. Hazel volvió a pedirle disculpas y hasta eligieron juntas qué ponerse para la fotografía. Elizabeth le dijo que le parecía valiente que estuviera dispuesta a enfrentarse otra vez a las cámaras. Después fueron juntas hasta Central High, el lugar donde había ocurrido la escena original.

El 22 de septiembre de 1997, Counts volvió a fotografiarlas frente a la misma escuela. Esta vez estaban una al lado de la otra y sonreían. La imagen apareció al día siguiente en el Arkansas Democrat-Gazette y pronto se transformó en un símbolo de reconciliación.

Fuente original: La Nación

Fuente original: La Nación