“Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto.” Con esas dos frases arranca Historias de fantasmas (2026), el libro de memorias con el que Siri Hustvedt se enfrenta a la pérdida del escritor Paul Auster , fallecido de cáncer de pulmón en abril de 2024 tras 41 años de matrimonio. La obra, escrita de un tirón en once meses —de mayo de 2024 a marzo de 2025—, es un documento vivo del duelo que la autora describe como una “fragmentación cognitiva”: la experiencia de ver desaparecer de la realidad perceptiva algo que siempre había estado ahí. En una entrevista publicada por la revista cultural británica A Rabbit’s Foot , la escritora y ensayista estadounidense habló sobre el proceso de escritura, la estructura del libro y la vida después de la pérdida

“Me di cuenta de que tenía que escribir. No podía volver a la novela que tenía a medio terminar, porque ya no me sentía la misma escritora”, dijo Hustvedt a A Rabbit’s Foot . “Esto era lo único sobre lo que podía escribir . Era una especie de necesidad. El primer párrafo simplemente salió de mí.” La autora, de 71 años y con 15 obras de ficción y no ficción en su haber, además de numerosos artículos académicos sobre neurociencia, comenzó a escribir apenas dos semanas después de la muerte de su marido. A diferencia de Todo cuanto amé (2003), su novela más vendida, que fue escrita y reescrita a lo largo de seis años, Historias de fantasmas se redactó de manera continua e ininterrumpida, lo que le imprime una urgencia y una temperatura emocional que la distinguen del resto de su obra.

El libro no es un relato lineal sino una estructura deliberadamente fracturada , que avanza y retrocede en el tiempo y se entreteje con documentos de distinta naturaleza. Hay entradas de diarios, correos electrónicos enviados a amigos y familiares con actualizaciones sobre el avance de Auster en lo que Hustvedt llama “Cancerland” , y las cartas que el propio escritor le dejó escritas a su nieto Miles para que las leyera en el futuro. En esas epístolas, Auster repasa la historia familiar, la crianza de su hija, la música Sophie Auster , y reflexiona sobre eventos colectivos como el 11 de septiembre de 2001 o la pandemia de covid-19. “Hablo de nuestro matrimonio como un diálogo, así que es una especie de diálogo póstumo en el que obtienes las dos voces”, explicó Hustvedt.

“La estructura del libro fue un intento de imitar las experiencias que estaba atravesando. Quería que esos tiempos fracturados pero múltiples existieran dentro del propio libro.” El tiempo, al comienzo de Historias de fantasmas , está, en sus propias palabras, “trastornado más allá de todo reconocimiento”. Las observaciones que puntúan la narración en primera persona lo confirman con una precisión casi clínica: “Duermo con pastillas”; “Nadie me manda faxes”; “ El duelo no es constante . Puedo sellarme durante días contra la tormenta, y luego llegan vientos huracanados y me derriban.”

La escritura alterna entre lo que ella misma denomina, en referencia al antropólogo Claude Lévi-Strauss , “lo crudo y lo cocido”. Por un lado, las notas tomadas en bruto durante la enfermedad de su marido, cargadas de emoción inmediata; por el otro, los pasajes de análisis más elaborados, nutridos de filosofía, literatura y ciencia, desde Maurice Merleau-Ponty hasta C.S. Lewis . “Me vino de mi subconsciente que Lévi-Strauss escribió un libro llamado Lo crudo y lo cocido , que leí en el posgrado”, contó. “Pensé: ‘Bueno, Siri, eso es exactamente lo que es’ . Hay notas de mis diarios tomadas durante la enfermedad de Paul, llenas de sentimiento en bruto. Pero luego está lo cocido, que forma parte de mi tendencia a meditar sobre qué es esto y cuán común es. Si tienes la capacidad de amar y vives lo suficiente, sufrirás un duelo . No hay salida.”

El título del libro no es casual. La figura del fantasma atraviesa toda la obra de Hustvedt con una persistencia que ella misma reconoce. En La mujer temblorosa o la historia de mis nervios (2010), exploró sus propios temblores violentos como síntoma del duelo por su padre. En su colección de ensayos M adres, padres y demás (con el subtítulo Apuntes sobre mi familia real y literaria) , reflexionó sobre los “fantasmas mentores” que la marcaron. “Es una metáfora persistente”, admitió. “Creo que es lo que les pasa a los escritores: las cosas siguen volviendo, te guste o no. Y entonces dices: ‘Dios mío, esto otra vez’ .”

En Historias de fantasmas , el motivo de la casa encantada adquiere una dimensión literal. La brownstone de Brooklyn donde Hustvedt vivió con Auster durante la mayor parte de su matrimonio aparece en el libro como un espacio habitado por una presencia, “habitado por un fantasma que Paul y yo creamos juntos, un ‘nosotros’ que ya no existe”. Fue deseo del escritor morir en la biblioteca de esa casa, y la autora describe en el libro sensaciones extrañas de su presencia. “Ahora me resulta reconfortante”, dijo Hustvedt en referencia al concepto griego antiguo de los palacios de la memoria. La materialidad de los objetos del difunto cobra en el libro una dimensión particular. “Los objetos de los muertos adquieren significados absurdos”, reconoció. “Esto no está en el libro, pero había un buzo de Paul colgada en el armario que no había sido lavada. La agarré y la olí. El olfato tiene un camino diferente al cerebro. No es el pasado, es inmediato . Es como si esa persona —al menos la parte sensorial— se reencarnara.”

La lectura, para Hustvedt, es también una forma de aparición. “Paul me dijo antes de morir, incluso antes de estar enfermo: ‘Paso mucho tiempo hablando con fantasmas’ ”, recordó en la entrevista. “Como lector intenso, pasas gran parte de tu tiempo leyendo las voces de los muertos. Algunos de mis mejores amigos son fantasmas.” Paul Auster fue durante décadas el primer lector y editor interno de Siri Hustvedt . Sobre cómo se siente ahora que él ha cruzado al otro lado, la autora fue lacónica: “Creo que me lo llevaré a la tumba. A nivel editorial, interioricé algunas de las críticas anteriores de Paul. Es curioso: pensé que, si yo hubiera muerto, él habría perdido a la lectora.”

El libro incluye también las cartas que la propia Hustvedt le escribió a Auster durante una breve separación al comienzo de su matrimonio, en las que lo insta a reconsiderar con una mezcla de valentía y determinación: “Aun así, deberías pensar bien antes de descartar esta amistad.” Revisitar esa separación antigua frente a la definitiva de ahora le permite, según explicó a A Rabbit’s Foot , reconocer una capacidad propia para la soledad. “Incluso si no hubiera funcionado, sentí que estaría bien”, reflexionó. “No te digo que sea mejor. Lo traería de vuelta en un abrir y cerrar de ojos si pudiera. Pero reconoces una cierta capacidad para vivir sola, y eso también puede tener su plenitud.”

La historia de Auster y Hustvedt tiene los contornos de una épica literaria. Se conocieron en una lectura de poesía en 1981: ella tenía 26 años, era estudiante de posgrado de una familia noruega en Minnesota y escribía una tesis doctoral sobre Charles Dickens ; él tenía 34, era de una familia judía de clase media en Nueva Jersey y trabajaba en la serie de novelas que, bajo el título La trilogía de New York (1985-86), lo lanzaría a la fama internacional. Cuando Hustvedt publicó su primera novela, Los ojos vendados (1992), debió enfrentarse sistemáticamente a preguntas sobre la supuesta influencia de su marido en su trabajo. “Sexismo profundo”, definió sin rodeos ella. “Paul se fue poniendo bastante furioso al respecto con el tiempo. El resultado fue que se convirtió en un feminista bastante convencido.”

Historias de fantasmas no elude los episodios más dolorosos de la historia familiar. El libro relata la muerte de Ruby, primera nieta de Auster, en 2021, a los diez meses de edad, por una sobredosis fatal de fentanilo y heroína. Su padre, Daniel Auster —hijo del escritor de su matrimonio anterior con la escritora Lydia Davis — fue imputado y murió de sobredosis once días después de su arresto. Hustvedt aborda estos hechos con una sobriedad deliberada, probablemente como respuesta a la especulación pública que rodeó los sucesos. “Con las memorias existe una especie de contrato moral entre el escritor y el lector”, razonó. “Que todo lo que el escritor dice es, en la medida de su conocimiento, absolutamente verdad .”

El matrimonio, tal como Hustvedt lo retrata en el libro, estuvo lejos de ser una postal de armonía intelectual. “Discutíamos y él era muy terco y yo era muy sensible. El modelo de la máquina frente al modelo orgánico”, dijo con ironía. La convivencia de dos escritores con carreras propias y temperamentos distintos generó fricciones reales, aunque también una complicidad que la autora describe como un diálogo sostenido durante cuatro décadas. “Hablo de nuestro matrimonio como un diálogo”, repitió, y esa definición atraviesa la estructura misma del libro, donde la voz de Auster —a través de sus cartas al nieto— convive con la de Hustvedt en una suerte de conversación póstuma.

La escritora planea retomar la novela política que dejó inconclusa, aunque anticipa que será un libro radicalmente distinto al que empezó. “Soy viuda y esa es una experiencia interesante”, dijo. El manuscrito incluye una trama sobre eugenesia que, a la luz del clima político en Estados Unidos, adquirió una nueva dimensión. “Hay un libro dentro del libro sobre eugenesia, y estamos viendo el resurgimiento de esto con JD Vance y las tasas de natalidad, y todas estas realidades proto-fascistas que vuelven para atormentarnos”, señaló. Así describió su plan de trabajo con precisión: “Voy a poner mis páginas terminadas a mi lado y empezar desde cero. ¿Cómo termina uno una novela así? Bueno, tengo un par de ideas.” Sobre si Auster habría aprobado Historias de fantasmas , no dudó: “Creo que le habría encantado.”

Fuente original: Infobae

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