Una frase escrita hace más de un siglo por Allan Kardec, el codificador del espiritismo, resuena con una sorprendente actualidad en el mundo contemporáneo. En su obra fundamental, «El libro de los Espíritus», Kardec plantea una pregunta que invita a la introspección: «¿Por qué, en el mundo, los malvados ejercen por lo general mayor influencia que los buenos?». La respuesta, directa y sin rodeos, es igual de impactante: «Por la debilidad de los buenos».

Esta reflexión forma parte de la pregunta 932 de la primera edición de «El libro de los Espíritus», publicada en París en 1857. Es importante destacar que Kardec fue el recopilador y organizador de la obra, presentando las respuestas como enseñanzas recibidas de los Espíritus. Por lo tanto, si bien se atribuye a Kardec, es una formulación que él canalizó dentro de su sistema de pensamiento. La verdadera fuerza de esta afirmación radica en la explicación que la acompaña.

Los Espíritus, a través de Kardec, detallan que «Los malvados son intrigantes y audaces; los buenos son tímidos. Cuando estos se decidan, lograrán imponerse». Esta idea central desmitifica la noción de que el mal posee una ventaja inherente. Por el contrario, su influencia se acrecienta cuando aquellos que defienden principios éticos y justos optan por el silencio, la duda o la inacción frente a quienes sí toman la iniciativa con determinación, aunque sea para fines cuestionables.

La «debilidad» a la que se refiere la frase no alude a una falta de bondad intrínseca. Más bien, subraya la ausencia de decisión y la pasividad. Una persona puede reconocer una injusticia, repudiar una conducta dañina o adherir a una causa noble, pero si no actúa en consecuencia, su convicción se diluye. El planteo de Kardec es una interpelación a la acción colectiva: ¿qué sucede cuando un grupo con buenas intenciones se muestra inactivo, mientras otro grupo, quizás con intenciones menos altruistas, opera con mayor audacia y resolución? Esta pregunta, formulada en el siglo XIX, mantiene una vigencia innegable en los desafíos sociales y políticos de nuestro tiempo.

Fuente original: Clarín