Antes que nada, le damos la bienvenida al flamante Director Nacional de Discurso designado por el gobierno de Milei. Esto no es un chiste.
Según se informó, este jueves fue designado oficialmente en ese cargo el señor Martín Polakiewicz, licenciado en Filosofía de la UBA que también está terminando una maestría en la Universidad de San Andrés. O sea, un tipo preparado. Les hacía falta uno.
Nunca tan oportuno. El mismo jueves, el Excelentísimo Señor Presidente de la Nación Argentina, Don Javier Gerardo Milei escribió en su cuenta de X textualmente: PERIODISTAS DE MIERDAS (sic), DESPUÉS SE QUEJAN CUANDO LES DIGO QUE SON MIERDAS HUMANAS QUE SE LA PASAN MINTIENDO. SON BASURAS REPUGNANTES.
Este hermoso texto del presidente fue posteado y reposteado por él mismo 14 veces en dos días. Acá se nos presentan dos problemas.
El primero va camino a resolverse. Escribió “periodistas de mierdas”, o sea la palabra “mierda” con “s” final.
Esto significa que Polakiewicz asumió como Director Nacional de Discurso y el mismo día ya tenía laburo . Poco, pero importante. No es que vaya a tener que debatir con Toto Caputo o con Karina Milei sobre Hegel, Nietzsche o Kant. Simplemente deberá explicarle a Javi que se dice “periodistas de mierda” sin “s” porque en este caso la palabra mierda funciona como expresión calificativa. Puede haber un periodista de mierda o cien periodistas de mierda. La cantidad de periodistas aumenta pero la calificación de mierda es la misma.
Para ser más gráficos y que no queden dudas: se dice “tenemos un gobierno de mierda” o “tuvimos muchos gobiernos de mierda”. Todos gobiernos distintos, todos en plural pero la mierda va en singular.
Tal vez la Real Academia Española tenga una explicación más técnica pero estos ejemplos sirven para que se entienda. De última, ahora está Polakiewicz.
La buena noticia es que, dentro de todo, en el mismo texto Javi escribió “MIERDAS HUMANAS”, esta vez correctamente. Ahí sí, corresponde la “s” porque “mierdas” funciona como sustantivo y “humanas” concuerda en plural. O sea que Javi, sobre el uso de la “s”, algo intuye.
Antes de explicar cuál es el segundo problema que nos provoca la exquisita frase de Milei, aclaremos rápidamente que esta no es la primera vez que un gobierno incorpora filósofos dedicados a pensar qué cosas debe decir un presidente y cómo debe expresarlas.
En honor a la verdad, los funcionarios que históricamente han ocupado este tipo de cargos suelen meterse, no solo con lo que piensa y dice un presidente, sino también con lo que debemos pensar y decir el resto de los argentinos. Tenemos mucha experiencia.
No nos vamos a remontar a los tiempos de Raúl Apold, aquel secretario de medios y constructor del relato peronista de los gobiernos de Perón entre 1945 y 1955. Lo mencionamos en esta página hace unos meses y está claro que ya no quedan peronistas que lo recuerden. Tal vez Julio Bárbaro y dos o tres más.
Tampoco vamos a hablar de quienes cumplieron ese rol en el gobierno de Isabel y López Rega. En esa época, los tipos escribían los discursos de aquellos dos estadistas y les manejaban la comunicación. Pero también prohibían artistas, cerraban medios, censuraban libros, películas y, si no sabías expresarte como a ellos le parecía correcto, te mandaban a la Triple A para que te enseñe. No eran filósofos, simplemente eran fascistas de poca monta cuyos nombres ya nadie recuerda.
Este tipo de personajes dejaron de usarse hasta que llegó Cristina. Veamos.
Como todo el mundo sabe, Cristina se sentía arquitecta. Llegó a decir en público que en otra vida había sido una arquitecta egipcia. ¿Por qué eligió egipcia? No se sabe. Podría haber elegido una arquitecta del Renacimiento o de la Bauhaus. Habría que preguntárselo. Lindo tema para que lo charle con los chupamedias que están comprando departamentos en San José 1111 para estar cerquita.
Dicho esto, cuenta la leyenda que una vez entró a la Casa Rosada al grito de “¡Tráiganme a Foster!” . Seguramente se refería a Sir Norman Foster, maestro de la arquitectura de hoy, con quien quería discutir, de colega a colega, temas de arquitectura.
Lo que seguramente habrá pasado es que alguno de los burros que la rodeaban entendió mal y, en lugar de traer a Sir Norman Foster, le trajo a Ricardo Forster, filósofo e integrante de la inolvidable organización geriátrica, nacional y popular llamada Carta Abierta.
Así son nuestros gobiernos. Si no la pifian con la “s” la pifian con la “r”.
Fuente original: Clarín
Fuente original: Clarín





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