Hay cítricos que se cultivan por su aroma , otros por su jugo y algunos que llaman la atención por el aspecto de sus frutos . Pero existe una especie originaria de Australia que se volvió especialmente valorada en la gastronomía por lo que esconde en su interior.

Aunque puede parecer una fruta difícil de producir fuera de su ambiente natural , también se puede cultivar en maceta. Con suficiente sol, un sustrato adecuado y algunos cuidados básicos, es posible mantener el árbol en un balcón, patio o terraza y esperar su propia cosecha.

El protagonista es el finger lime , cuyo nombre científico es Citrus australasica . Crece naturalmente en las selvas subtropicales del este de Australia y desarrolla ramas espinosas con hojas mucho más pequeñas que las de un limonero común.

Su fruto puede rondar los 7 centímetros y tiene forma estrecha y alargada . Hay variedades verdes, amarillas, rojizas, púrpuras y marrones.

Pero lo particular está adentro . Al partirlo y apretar suavemente uno de sus extremos, salen decenas de pequeñas vesículas redondas que conservan su forma hasta que se las muerde.

Por esa apariencia recibió el nombre de “ caviar cítrico ”. Las perlas tienen sabor ácido y aromático y se utilizan enteras sobre ostras, pescados, mariscos, postres y cócteles.

También son responsables de su precio. Investigadores de la Universidad de Florida relevaron en 2020 ofertas de USD 32 por envases de apenas 80 gramos. La misma universidad registró precios minoristas de hasta USD 50 por libra en fruta de alta calidad.

No existe, sin embargo, una clasificación mundial que permita afirmar técnicamente que ocupa el primer puesto entre todos los cítricos. Su precio cambia según variedad, calidad, temporada y mercado.

La planta puede superar los dos metros cuando crece sin restricciones, pero el recipiente y la poda permiten controlar su tamaño. Eso explica por qué el finger lime en maceta puede adaptarse a patios, terrazas y balcones.

La maceta necesita varios agujeros en la base. Una escena que conviene evitar es la del plato lleno de agua después del riego: las raíces de los cítricos necesitan humedad, pero también oxígeno.

El sustrato tiene que permitir que el agua atraviese la maceta sin quedar estancada. Los especialistas recomienda mezclas drenantes y trasplantar progresivamente, en lugar de colocar una planta joven directamente en un contenedor enorme.

También necesita muchas horas de luz. En ese sentido, se señala un rango de seis a ocho horas de sol por día , aunque en veranos muy intensos puede beneficiarse de cierta protección durante la tarde.

El riego cambia con la estación. Durante el crecimiento y los meses calurosos necesita controles más frecuentes; en invierno consume menos agua. La referencia práctica es el sustrato: húmedo después del riego, pero nunca permanentemente empapado.

El frío marca uno de los límites del cultivo. La Universidad de California recomienda proteger estos árboles cuando la temperatura se aproxima a 0 °C.

Ahí la maceta ofrece una ventaja concreta. Frente a una noche de helada puede trasladarse debajo de un techo, contra una pared reparada o a otro sector protegido y volver a su ubicación habitual cuando mejora el tiempo.

La cosecha tampoco llega inmediatamente después de comprar la planta. Un ejemplar joven puede necesitar varios años para producir con regularidad. Los árboles injertados suelen adelantar ese proceso frente a los obtenidos desde semilla.

Cuando aparecen los frutos, la paciencia vuelve a ser importante. El finger lime no continúa madurando después de la cosecha, de modo que retirarlo demasiado temprano puede dejar una fruta con poco desarrollo.

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Fuente original: Clarín

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