La economía de Estados Unidos experimentó una desaceleración en el segundo trimestre del año, según los últimos datos oficiales. Sin embargo, en un panorama alentador, el gasto de los consumidores se mantuvo firme y la inflación, una de las principales preocupaciones de la Reserva Federal (Fed), mostró signos de mejora, aunque todavía por encima del objetivo.
Entre abril y junio, el Producto Interno Bruto (PIB) estadounidense creció a un modesto 1,5%, una baja respecto al 2,1% registrado en los primeros tres meses del año. Este freno se atribuye, en parte, al impacto del aumento de las importaciones, que restaron impulso al crecimiento general de la actividad.
En cuanto a la inflación, el indicador preferido por la Fed, el índice de precios de gastos de consumo personal (PCE), subió un 3,7% interanual el mes pasado, lo que representa una disminución frente al 4,1% de mayo. Si se excluyen los precios volátiles de alimentos y energía, la inflación subyacente también se moderó levemente, pasando del 3,4% al 3,3%. A pesar de esta tendencia a la baja, ambos valores continúan por encima del objetivo del 2% fijado por el banco central.
Frente a este escenario, la Reserva Federal decidió mantener sin cambios su tasa de interés de referencia por quinta reunión consecutiva. Esta decisión, sin embargo, no fue unánime, ya que algunos directores regionales expresaron su deseo de subir las tasas para combatir de manera más enérgica la persistente inflación.
A pesar de los desafíos, la economía norteamericana ha demostrado una notable resiliencia. El mercado laboral ha tenido una recuperación vigorosa, con un promedio de 92.000 empleos mensuales creados este año, lo que ha brindado a los consumidores los recursos necesarios para mantener el nivel de gasto. No obstante, el alto costo de vida sigue siendo una fuente de frustración para muchos ciudadanos.
Fuente original: Infobae


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