A medida que pasan los años, la próstata se va agrandando. El tamaño de esa glándula masculina, que entre los 20 y los 40 años se asemeja al de una nuez, a los 60 puede ser similar al de un limón o al de una pelota de golf . Y teniendo en cuenta dónde se encuentra, no es un detalle menor.
La próstata se sitúa debajo de la vejiga y rodea la uretra, que es el conducto por donde sale la orina. “Por eso, cuando aumenta de tamaño, puede comprimir la uretra y dificultar el vaciamiento de la vejiga”, explicó a Clarín Norberto Bernardo, jefe del Servicio de Urología del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Este agrandamiento no canceroso (no está relacionado con el cáncer de próstata , aunque pueden coexistir), es extremadamente frecuente y tiene nombre: hiperplasia prostática benigna (HPB).
“Son cambios en el tejido de la glándula prostática que casi inevitablemente se producen en todos los hombres a partir de los 40 años”, apuntó a este diario Edgardo Becher, director del Centro de Urología (CDU). Su frecuencia se incrementa con la edad: a los 60, uno de cada seis varones presenta HPB y a los 80, el 80% .
¿El dato negativo? No se puede prevenir porque está estrechamente relacionada con el envejecimiento, debido a factores hormonales (el descenso en los niveles de testosterona) y a alteraciones vasculares también típicas de la edad (“que se manifiestan tanto en la próstata, como en la vejiga, que se hace menos elástica por el envejecimiento de las arterias”, explicó Becher).
¿El dato alentador? Pese a que los cambios son inevitables, no todos los varones experimentan síntomas. Y en aquellos que sí los manifiestan, hay mucho por hacer: “Podemos detectar la HPB, controlar su evolución y, fundamentalmente, tratarla antes de que esos síntomas deterioren significativamente la calidad de vida”, dijo Bernardo.
¿De qué síntomas hablamos? Básicamente se dividen en dos grandes grupos, explican Bernardo y Becher, ambos docentes de la cátedra de Urología de la Facultad de Medicina de la UBA.
Por un lado, están los relacionados con la dificultad para vaciar la vejiga : disminución de la fuerza y el calibre del chorro, demora para comenzar a orinar, necesidad de hacer fuerza, chorro intermitente, goteo al terminar y sensación de no haber vaciado completamente la vejiga, precisó Bernardo.
“El paciente tiene que hacer fuerza abdominal a veces para vaciarla, orina en dos tiempos (termina y vuelve otra vez), tiene goteo después de orinar y se levanta de noche ya sea porque no vacía la vejiga en forma completa o porque está demasiado engrosada”, detalló Becher.
Pero también están los síntomas vinculados al almacenamiento , que se traducen en un aumento de la frecuencia urinaria, urgencia (una sensación repentina e impostergable de hacer pis) y la necesidad de levantarse varias veces durante la noche para orinar (llamada nocturia ).
“El deterioro suele ser tan progresivo que el paciente se va adaptando ”, admitió Bernardo. “Primero se levanta una vez por noche, después dos o tres; empieza a buscar un baño antes de salir de su casa, evita tomar líquidos antes de viajar o de ir al cine, y acepta que tarda cada vez más en orinar. Muchas veces escucha además que esto es normal para la edad y termina incorporando los síntomas a su vida cotidiana”.
Por eso, hace hincapié en que algo sea frecuente en el envejecimiento, » no significa que debamos considerarlo normal ni resignarnos a convivir con ello”.
Es uno de los temores que plantean los varones que llegan al consultorio, otros lo googlean y, los más extrovertidos, pueden llegar a charlarlo con amigos.
Según los especialistas, si bien la HPB no afecta directamente la vida sexual , la vida sexual puede verse afectada por la HPB. Parece un juego de palabras, pero no lo es.
“El agrandamiento prostático de por sí es raro que afecte la vida sexual”, aclaró Becher. Sin embargo, muchos de los factores que intervienen en la HPB también están presentes en la disfunción eréctil, especialmente las alteraciones vasculares asociadas al envejecimiento.
Es que la erección es un fenómeno vascular : para que se produzca, la sangre debe quedar atrapada en el pene y generar la rigidez necesaria, precisó. Y los mismos cambios vasculares que con el paso de los años afectan a la próstata y a la elasticidad de la vejiga también pueden dificultar la erección.
Así, los hombres que manifiestan síntomas urinarios moderados o severos presentan con mayor frecuencia disfunción eréctil .
A eso se suma el efecto indirecto de trastornos urinarios. “Levantarse de noche no es simplemente ir a orinar, es interrumpir el sueño, es descansar peor . Es tener menos erecciones involuntarias nocturnas ”, enumeró Bernardo.
Fuente original: Clarín
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