El reconocido filósofo argentino Darío Sztajnszrajber, en una reciente entrevista, planteó una perspectiva que sacude los cimientos de la búsqueda tradicional de certezas absolutas. Según el pensador, las corrientes filosóficas actuales nos llevan a cuestionar la propia existencia de una verdad única e inmutable.
Sztajnszrajber explicó que la forma de definir la filosofía y su propósito ha evolucionado. Si bien históricamente se la consideró la búsqueda de la verdad, hoy muchas posturas contemporáneas concluyen que, paradójicamente, “la verdad es que no hay verdad”. En este punto, rememoró la polémica frase de Nietzsche: “no hay hechos, sino interpretaciones”, sugiriendo que todo lo que percibimos y entendemos está mediado por nuestra subjetividad.
Para el filósofo, es crucial distinguir entre distintos tipos de verdad. Por un lado, está la “verdad cotidiana”, aquella que nos permite funcionar en el día a día, preocupada por el “cómo” de las cosas. Luego, la “verdad científica”, que también se enfoca en el funcionamiento y la mecánica. Y finalmente, la “verdad filosófica”, que busca un sentido más ontológico y trascendente, cuestionando la esencia misma de las cosas, incluso si eso implica desarmar la noción de verdad absoluta.
Más allá de la verdad, Sztajnszrajber también abordó el concepto de felicidad, distanciándose de las fórmulas simplistas y superficiales que abundan en las redes sociales. Rescató la idea de “ataraxia” de Epicuro, que define como la “imperturbabilidad del alma y la búsqueda de placeres mínimos”. Compartió una anécdota personal con su madre, quien vinculaba la felicidad con la ausencia de molestias externas, una visión que se alinea con la independencia epicúrea.
A sus 58 años, el filósofo admitió no tener una respuesta definitiva sobre el propósito de la vida. Sin embargo, enfatizó que su realización personal y su motor principal surgen del deseo constante de saber, de la curiosidad insaciable y del ejercicio del asombro ante el mundo que lo rodea.
Fuente original: La Nación



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