La reciente adaptación cinematográfica de Ridley Scott, titulada en Argentina como «La guerra de los últimos», ha generado una fuerte polémica entre los críticos y los lectores de la novela original de Peter Heller, «La constelación del perro». La película, que llegará a las pantallas en 2026, es señalada por muchos como un claro ejemplo de cómo una visión autoral puede desdibujar por completo la intención y profundidad de la obra literaria en la que se basa.
Una de las diferencias más significativas y criticadas reside en el destino del perro Jasper. En la novela de Heller, la muerte de este fiel compañero ocurre de forma pacífica mientras duerme, siendo un evento íntimo y sin heroísmo que impulsa al protagonista, Hig, a una profunda reflexión sobre la soledad y la búsqueda de sentido en un mundo post-apocalíptico. Sin embargo, en la versión de Scott, Jasper fallece heroicamente en combate, defendiendo a su dueño de saqueadores. Este cambio fundamental altera el motor narrativo del libro, transformando una meditación sobre la existencia en una historia de acción más convencional.
El libro de Peter Heller, publicado en 2012, no es una típica historia de supervivencia post-apocalíptica. Ambientado nueve años después de una pandemia global que diezmó a la humanidad, se centra en la introspección de Hig, quien vive aislado en un aeropuerto de Colorado. La novela destaca por su estilo narrativo particular, con párrafos cortos y una sintaxis fragmentada que reflejan la mente de un hombre que ha perdido casi toda conexión humana. Su verdadero corazón radica en la elegía por un ecosistema en colapso y la nostalgia por un mundo perdido, más que en la lucha contra enemigos externos. Hig realiza inventarios de especies extintas, y el cambio climático es una causa central de la desolación.
Lamentablemente, la película, con guion de Mark L. Smith (conocido por «El renacido»), prescinde de estos elementos cruciales. La voz en off, esencial en la novela para transmitir los pensamientos de Hig y sus observaciones sobre el medio ambiente, desaparece por completo. El colapso ecológico, tema central del libro, es reemplazado por la amenaza de jinetes saqueadores, una fórmula vista en innumerables producciones. Incluso el final es diametralmente opuesto: mientras la novela concluye con una aceptación melancólica de la transitoriedad, la película opta por una celebración festiva, incluyendo además una notoria presencia de publicidad de marcas conocidas.
La adaptación de Scott, filmada en Italia, se aleja de la profundidad de Heller, quien logró construir una historia que, a pesar de su contexto apocalíptico, invitaba a la reflexión sobre lo que realmente vale la pena conservar. Mientras el libro de «La constelación del perro» sigue siendo una obra elogiada por su prosa y su capacidad de generar pensamiento, la película «La guerra de los últimos» parece haber optado por un camino más comercial y superficial, perdiendo la oportunidad de explorar los complejos temas que hicieron grande a la novela original.
Fuente original: Infobae

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