La morosidad de las familias argentinas se multiplicó por cinco en el último año, impulsando un crecimiento exponencial de la industria de la cobranza, compuesta por estudios jurídicos y capitales financieros. Esta industria, que no genera producción, se dedica a comprar paquetes de deudores de bancos, tarjetas de crédito y casas de electrodomésticos, buscando recuperar valores superiores al costo de adquisición de las carteras.
El aumento de la deuda ha llevado a negociaciones fuera del marco habitual, con quitas de capital de hasta el 70% y presión intensa sobre trabajadores, jubilados y sectores populares. Un empresario textil relata haber reducido su deuda en una tarjeta de crédito de 50 a 20 millones de pesos, aunque su facturación cayó más del 50% desde que asumió el gobierno de Javier Milei.
Según el Banco Central, la morosidad en créditos al consumo alcanzó el 12,1% en febrero de 2024, el mayor nivel desde 2009. La Facultad de Ciencias Económicas de la UBA señala que las familias recurren al endeudamiento para cubrir gastos básicos, mientras el gasto en servicios subió 4 puntos porcentuales, alcanzando el 42% del total de los ingresos.
En paralelo, Brasil anunció un plan de ayuda para familias endeudadas, permitiendo descuentos del 30 al 90% en deudas y tasas de interés del 1,99%. El gobierno de Lula Da Silva destacó que la iniciativa se enfocará en trabajadores, prohibiendo además apostar en plataformas de juegos online a quienes refinancien sus obligaciones.
El Grupo Atenas alerta que el ingreso disponible cayó del 53% en 2015 al 30% en 2026, debido al aumento de gastos fijos en vivienda, servicios y transporte. Mientras el gobierno argentino no actúe, la crisis de deuda y la morosidad seguirán creciendo, afectando a miles de familias.

