Desde la salida de Eduardo Coudet, River Plate experimentó un notable resurgimiento en apenas dos encuentros bajo la dirección técnica interina de Leonardo Ponzio. El histórico capitán, ahora al mando desde el banco de suplentes, logró infundir un nuevo espíritu en el equipo, generando una oleada de optimismo entre los hinchas que anhelan ver a un River más fiel a su identidad.
El cambio táctico implementado por Ponzio fue fundamental. Dejó de lado el doble cinco y optó por un esquema con un volante central posicional, como Fausto Vera, liberando a Thiago Almada para desempeñarse como enganche. La inclusión de Tobías Andrada y Tomás Galván como internos, junto a Sebastián Driussi en la delantera, permitió al flamante entrenador juntar a los talentos y potenciar las sociedades en el campo de juego, lo que rápidamente se tradujo en una mejoría futbolística.
La influencia de Ponzio no solo se vio en el planteo inicial, sino también en la gestión de los partidos. Ante Independiente Rivadavia, sus cambios fueron precisos y mantuvo la vocación ofensiva del equipo, evitando replegarse, una estrategia diferente a la vista anteriormente. Jugadores como Ángel Correa y Thiago Almada, con su habilidad para desequilibrar y asociarse, se convirtieron en pilares de este nuevo esquema, mostrando destellos de su calidad y justificando la importante inversión realizada en ellos.
Más allá de lo táctico, Ponzio logró revitalizar el ánimo del plantel. Se percibe una química renovada y una mayor motivación, incluso entre los suplentes. El propio Ponzio, con su estilo cauto pero inspirador en las conferencias de prensa, enfatizó la importancia del trabajo diario y el compromiso. Su profunda conexión con River, forjada en diez años como jugador y en la consecución de 17 títulos, le otorga una autoridad natural para liderar este proceso de reconstrucción y devolverle al club la mística que lo caracteriza.
Fuente original: Clarín


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