La reciente aprobación del financiamiento para la Línea F del Subte y la expansión de la red porteña son, sin duda, una excelente noticia. Toda inversión en transporte público es bienvenida porque mejora la conexión entre zonas, genera nuevas oportunidades y contribuye a una ciudad más cohesionada e integrada.
Sin embargo, el objetivo debe ser una Buenos Aires funcional para todos sus habitantes. Para lograrlo, es crucial aspirar a una política de movilidad verdaderamente integral. No podemos esperar que la Línea F, por más importante que sea, resuelva mágicamente todos los problemas de tránsito de la Ciudad. La discusión debe ser más ambiciosa, abordando el conjunto de desafíos que enfrenta una metrópolis en constante evolución.
La Línea F marca un paso fundamental, pero también debería ser el momento para reflexionar sobre qué sistema de transporte necesita Buenos Aires para las próximas décadas. Una ciudad con barrios mejor conectados, una articulación más eficiente con el Área Metropolitana y nuevas dinámicas de movilidad exige una planificación que trascienda las urgencias y combine infraestructura, tecnología y una visión estratégica del crecimiento urbano.
En este contexto, hay proyectos clave que siguen pendientes. Entre ellos, la finalización de la Línea H hasta la estación Sáenz, una obra vital para conectar directamente con el Ferrocarril Belgrano Sur y aliviar la congestión en la terminal de Constitución. También es necesario avanzar con la extensión de la Línea E hacia el Campus de la UTN o la Terminal Dellepiane, y concluir las obras pendientes de la Línea B, fortaleciendo corredores con gran potencial o corrigiendo falencias que afectan el día a día de los usuarios.
La histórica deuda con el sur de la Ciudad de Buenos Aires requiere una inversión decidida en la red del Premetro. Su modernización completa y su extensión hasta Puente La Noria lo consolidarían como el principal alimentador del transporte en esa zona, mejorando la conectividad de miles de vecinos y potenciando la integración metropolitana.
Otro debate que merece ser retomado es el del tranvía. Lejos de ser una mirada nostálgica, muchas ciudades del mundo lo han reincorporado como una herramienta moderna, eficiente y sostenible. Ejemplos como Medellín, Río de Janeiro, Estrasburgo o Madrid demuestran que puede complementar exitosamente subtes, trenes y colectivos, mejorar la conexión barrial, reducir emisiones y ruido, y contribuir a una movilidad urbana más eficiente. Buenos Aires debería sumarse a esta tendencia ferroviaria del futuro.
La movilidad del siglo XXI no puede pensarse solo desde la infraestructura. Es indispensable avanzar hacia una verdadera integración de los distintos modos de transporte. La integración tarifaria, sistemas de multipago sin discriminación y una intermodalidad real entre subtes, trenes, colectivos, bicicletas y otros medios deben ser parte de la agenda de modernización de la Ciudad. Además, mejorar la experiencia diaria de los usuarios implica trabajar en aspectos como incrementar frecuencias, ampliar horarios y garantizar servicios más confiables y previsibles.
Para una planificación adecuada, necesitamos mejores herramientas de diagnóstico. Es prioritario realizar una nueva Encuesta de Movilidad Domiciliaria (ENMODO), ya que la última es de 2018 y los patrones de desplazamiento cambiaron drásticamente tras la pandemia. Tomar decisiones estratégicas con información desactualizada conlleva el riesgo de invertir recursos en una realidad que ya no existe. En la misma línea, es necesario revisar y actualizar la Ley 670, que define la planificación de futuras líneas de subte, para que Buenos Aires cuente con instrumentos más flexibles que adapten la expansión de la red a las demandas actuales, los cambios demográficos y las posibilidades presupuestarias de cada etapa.
Por supuesto, la aprobación del financiamiento es solo el punto de partida. Ahora será fundamental avanzar con la licitación, cumplir los plazos y abordar con seriedad todos los aspectos técnicos y urbanos que la obra requiere, incluyendo las expropiaciones necesarias. La Línea F debe convertirse en una realidad palpable y no en una promesa más.
La Línea F es bienvenida. Ahora, el desafío es seguir construyendo una red integrada, moderna y con una visión a largo plazo, capaz de conectar mejor a los porteños y a todos aquellos que llegan a la Ciudad de Buenos Aires cada día para trabajar, estudiar, producir y disfrutar de todo lo que la capital tiene para ofrecer.
Fuente original: Infobae




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