En los últimos años, la relación entre los horarios de las comidas y la salud ha cobrado una importancia creciente. Ya no solo se analiza qué alimentos consumimos, sino también el momento en que lo hacemos. Los ciclos de sueño y alimentación están íntimamente ligados al funcionamiento de nuestro organismo y, según diversos especialistas, cualquier alteración en estos ritmos puede acarrear consecuencias negativas en distintos procesos metabólicos.

Una de las prácticas que ha generado particular preocupación es la costumbre de cenar muy cerca de la hora de ir a dormir. Esta es una rutina habitual para muchas personas, especialmente cuando las exigencias diarias postergan la última ingesta del día. Para la doctora Sara Marin, reconocida por su trabajo en redes sociales como @uncafecontudoctora, este comportamiento merece una atención especial debido a su posible conexión con mecanismos que impactan directamente en el cuerpo.

La médica ha emitido una advertencia sobre los efectos que podría tener acostarse poco después de haber cenado. «Como médica estoy bastante preocupada porque cada día veo más gente en consulta que muere por cáncer de colon», asegura Marin. Acto seguido, señala un hábito cotidiano que, según sus investigaciones, podría incrementar este riesgo: «Han descubierto un hábito que aumenta el cáncer de colon y que probablemente lo hiciste ayer por la noche. Acostarse dos horas después de cenar».

La doctora Marin explica que nuestro organismo funciona con diversos ritmos internos que se sincronizan con el ciclo de luz y oscuridad. Cada órgano tiene su propio «reloj biológico». Durante la noche, el cerebro produce melatonina, preparando al cuerpo para el descanso y la reparación celular. Si se ingieren alimentos en ese momento clave, se interrumpe este proceso vital: «Si justo en ese momento entra comida, tus órganos dicen: ‘no hay que descansar, hay que trabajar'».

Además, la especialista destaca el rol del intestino y lo ilustra con una metáfora: «En nuestro intestino hay un camión de limpieza intestinal». Este mecanismo se encarga de recoger bacterias y sustancias de desecho, pero se detiene si se ingieren alimentos durante la noche. «Si cenamos tarde, picoteamos, nos tomamos aunque sea medio vaso de leche, ese camión se para», afirma. Esta interrupción se vincula con alteraciones en la microbiota intestinal, procesos de fermentación, hinchazón y la llamada permeabilidad intestinal, que permite el paso de sustancias nocivas a la sangre, favoreciendo la inflamación crónica, un factor que eleva el riesgo de cáncer.

Otro aspecto mencionado es la regulación de la insulina. Marin detalla que los picos de insulina durante el sueño pueden fomentar el almacenamiento de grasa, alterar el metabolismo y aumentar los niveles de cortisol. En resumen, la noche es para la reparación celular, pero al comer, el cuerpo se mantiene en «modo trabajo», impidiendo que se reparen los daños causados por los radicales libres. Por todo esto, la doctora recomienda enfáticamente modificar el horario de la última comida: «Recuerda dejar más de tres horas entre la cena y el sueño».

Fuente original: Infobae