Al momento de comprar un Smart TV, muchos usuarios se encuentran con una sopa de siglas y nombres que, a primera vista, no aclaran cómo funciona cada tecnología. Sin embargo, términos como OLED, QLED y Micro RGB no son solo nombres comerciales, sino que representan sistemas que influyen directamente en la reproducción del color, el brillo, el contraste y la forma en que se ven las escenas oscuras o con mucha luz. La elección de un televisor va más allá de la denominación; factores como el tamaño de la pantalla, la iluminación de la habitación, el tipo de contenido que se consume y el procesamiento de imagen son cruciales para el resultado final.

Tradicionalmente, las pantallas QLED utilizan un panel LCD que se ilumina desde atrás, combinado con capas que modifican esa luz para generar los distintos tonos. Esta retroiluminación proporciona un gran brillo y colores intensos. No obstante, el nivel de negro depende de la capacidad del televisor para controlar esas zonas iluminadas, lo que a veces puede generar un halo de luz alrededor de objetos claros sobre fondos oscuros.

Por otro lado, la tecnología OLED opera de una manera completamente diferente: cada píxel es capaz de emitir su propia luz y, lo más importante, de apagarse por completo cuando la imagen requiere negro. Esta característica permite un contraste infinitamente superior, logrando negros puros y una definición inigualable en secuencias nocturnas, películas con poca luz o videojuegos con escenarios oscuros, donde cada detalle se vuelve visible.

Una innovación más reciente es la tecnología Micro RGB, que emplea pequeños diodos rojos, verdes y azules como fuente directa de iluminación, en lugar de partir de una luz blanca que luego pasa por filtros. Este enfoque busca reducir las pérdidas y alteraciones que pueden ocurrir durante el filtrado tradicional, prometiendo una mayor precisión en los colores y un control más fino del brillo. Además, la inteligencia artificial en los televisores modernos no solo organiza aplicaciones, sino que también optimiza el brillo, la nitidez y el contraste según el contenido y la iluminación del ambiente. Al considerar un nuevo televisor, es fundamental evaluar, además de la tecnología del panel, el tamaño adecuado para el espacio, la distancia de visualización, la resolución y la frecuencia de actualización.

Fuente original: Infobae