Los primeros seis meses de la gestión del presidente Javier Milei pusieron a prueba la promesa central de su modelo libertario: que, además de mayor libertad, traería prosperidad económica. Sin embargo, los indicadores económicos del primer semestre del año muestran un panorama desafiante que golpea directamente el poder adquisitivo de los argentinos.
La inflación, que ya venía acelerada, tuvo un primer trimestre muy complicado, superando las proyecciones anuales. Aunque en agosto se registró una desaceleración, con un IPC del 1,7%, el acumulado anual ya supera el 20%. Este avance de los precios se tradujo en una pérdida real para salarios y jubilaciones. Los beneficiarios de la jubilación mínima, por ejemplo, vieron caer su poder de compra un 1,37% en términos reales durante este período.
El informe de pobreza, que se conocerá próximamente, ya anticipa un aumento significativo. El propio gobierno reconoce que podría saltar dos o tres puntos respecto al cierre del año pasado, lo que implicaría que 1,7 millones de personas se sumaron a la pobreza en solo seis meses. Además, el desempleo subió levemente y se observa una profundización de la informalidad y el cuentapropismo en el mercado laboral.
A pesar de estos números, que también incluyen una caída del consumo privado y la inversión, el gobierno mantiene una postura optimista, asegurando que lo peor ya pasó y que la economía «estará cada vez mejor». Proyectan una recuperación de salarios y jubilaciones, y una continuidad en la desaceleración inflacionaria, apostando a que el superávit fiscal y las reformas estructurales encaminarán al país hacia la «tierra prometida» de la prosperidad.
Fuente original: La Nación



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