Muchas veces, sin darnos cuenta, nos encontramos inmersos en un ciclo repetitivo en nuestras relaciones amorosas. A pesar de cambiar de pareja, las dinámicas, los conflictos e incluso las sensaciones de inseguridad parecen ser las mismas. Este fenómeno, conocido como «dating déjà vu», describe la tendencia a caer una y otra vez en patrones vinculares idénticos, sintiéndonos atraídos por personas con rasgos de personalidad –y a veces hasta físicos– similares, como si estuviéramos reviviendo la misma película.

Según especialistas en psicología, esta repetición no es una casualidad. Un factor clave es la búsqueda inconsciente de lo familiar. Nuestro sistema nervioso tiende a preferir lo conocido, ya que esto reduce la incertidumbre, incluso si esa familiaridad no es necesariamente saludable para nosotros. Además, no solo repetimos el tipo de persona, sino que también podemos volver a ocupar un rol o una dinámica que ya conocemos dentro de una nueva relación, reconstruyendo escenarios ya vividos.

La teoría del apego, desarrollada por el psiquiatra John Bowlby, arroja luz sobre estas dinámicas. Nuestros primeros vínculos con las figuras de cuidado dejan una huella profunda en lo que esperamos de las relaciones futuras. Esto moldea nuestra percepción de lo que merecemos y cómo creemos que debemos vincularnos para asegurar el afecto. Por ejemplo, una persona con un apego ansioso puede sentirse «atraída» por alguien con un estilo evitativo, no por una «química romántica» idealizada, sino porque esa dinámica de acercamiento y alejamiento le resulta extrañamente familiar, un terreno donde sabe cómo moverse.

Sin embargo, las expertas advierten que el estilo de apego no debe ser una etiqueta rígida. Si bien nos da un punto de partida para entender nuestras tendencias, no define nuestro destino amoroso. La repetición de patrones no siempre es consciente; a menudo no elegimos deliberadamente aquello que nos hace sufrir. Las señales más claras de que estamos repitiendo dinámicas aparecen cuando, a pesar de tener parejas distintas, experimentamos las mismas emociones: ansiedad, miedo al abandono o frustración. El escenario cambia, pero la sensación interna permanece.

Entonces, ¿es posible romper este ciclo? Las especialistas afirman que sí. El primer paso es aprender a reconocer el patrón mientras estamos dentro de la relación. Estando involucrados afectivamente, nuestros deseos y miedos pueden nublar nuestra percepción, haciendo que confundamos situaciones problemáticas con amor o intensidad. Es fundamental registrar nuestras propias necesidades y comunicarlas, sin minimizarlas por miedo al conflicto o al abandono.

Otro punto crucial es evaluar cuánto esfuerzo nos demanda sostener una relación. Un vínculo puede continuar, pero a costa de postergar nuestras propias necesidades, sacrificar espacios personales o callar para evitar discusiones. Como señalan las psicólogas, «los patrones no se atraen, se permiten». Aunque podamos sentir una atracción inicial por cierto tipo de persona, tenemos la capacidad de elegir si queremos seguir permitiendo esa dinámica en nuestra vida. Establecer límites y comprender que no somos responsables de todo lo que sucede en la pareja son pasos esenciales. Romper con un patrón no significa eliminar la inseguridad o el miedo por completo, sino darnos la oportunidad de construir relaciones diferentes y más saludables, donde lo «extraño» sea la ausencia de la constante lucha por el afecto y la validación.

Fuente original: Clarín