La cooperativa SanCor, símbolo de la industria láctea argentina, presentó formalmente su quiebra ante la Justicia de Rafaela, tras años de caída en producción y deudas insostenibles. El expediente judicial revela una insolvencia generalizada, con salarios atrasados de ocho meses y un pasivo que supera los 120 millones de dólares.
Según la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA), la empresa ha acumulado compromisos en moneda extranjera y pesos, mientras la producción se redujo de 4,6 millones a 700.000 litros diarios. La crisis se agravó con la deuda de Venezuela, que dejó secuelas financieras aún no resueltas.
El juez Marcelo Germán Gelcich señaló problemas estructurales, incluyendo falta de información contable y conflictos laborales que paralizaron operaciones. La quiebra no surge como una sorpresa, sino como la confirmación de un colapso que lleva décadas en desarrollo.
Los trabajadores, sin sueldos ni aguinaldos, han mantenido operativas las plantas mediante esfuerzos extraordinarios. ATILRA propone que la quiebra sea un punto de partida para reorganizar la marca, rescatando su valor histórico y el capital humano.
El futuro de SanCor depende de decisiones judiciales y posibles compradores de activos, pero el desenlace simbólico ya está escrito: una de las marcas más emblemáticas de la lechería argentina enfrenta su hora más oscura, reflejando las tensiones de un modelo productivo en crisis.

