El presidente Javier Milei viene sosteniendo una estrategia de comunicación que llama la atención por su intensidad: sus apariciones en streamings y canales de streaming afines al gobierno se caracterizan por un nivel de agresividad verbal que va en aumento, combinando ataques directos a opositores, periodistas y cualquier voz crítica con afirmaciones que no resisten el menor chequeo factual.
Lejos de los formatos institucionales tradicionales, el mandatario eligió estos espacios informales para desplegar un discurso sin mediaciones donde los insultos y las descalificaciones ocupan un lugar central. Las transmisiones, seguidas por miles de usuarios, funcionan como caja de resonancia de un relato oficial que mezcla datos tergiversados con ataques personales.
Este estilo de comunicación, que algunos analistas describen como una radicalización del discurso presidencial, preocupa a sectores de la oposición y también genera debate dentro del propio espacio político que rodea al gobierno. La pregunta que sobrevuela es si esta escalada responde a una estrategia deliberada o es reflejo de una mayor tensión interna en la gestión.
Lo concreto es que cada nueva aparición de Milei en estos formatos supera en virulencia a la anterior, con declaraciones que generan inmediata controversia en redes sociales y que obligan a los equipos de comunicación del Estado a salir a aclarar o matizar lo dicho por el propio Presidente.
El fenómeno no es nuevo en la política argentina ni en el mundo, pero la particularidad en este caso es que quien protagoniza estos episodios es el primer mandatario del país, lo que le da una dimensión institucional que trasciende el mero escándalo mediático.
Fuente original: Página 12
