Desde hace siglos, ha sido costumbre en muchas familias, especialmente católicas y ortodoxas, nombrar a sus hijos según el santo del día de su nacimiento. Aunque a menudo se confunde con un cumpleaños, el onomástico se refiere específicamente a la celebración de un santo en el calendario litúrgico, una tradición que perdura y que incluso se menciona en canciones populares.
Este viernes 21 de agosto, el santoral conmemora al papa San Pío X, una figura que dejó una huella significativa en la Iglesia Católica. Antes de ser Sumo Pontífice, Pío X fue sacerdote, obispo de Mantua y patriarca de Venecia. Su papado se caracterizó por un gobierno enfocado en «instaurar todas las cosas en Cristo», promoviendo la vida cristiana a través de la Eucaristía, la dignidad de la liturgia y la integridad doctrinal, todo ello con gran sencillez y fortaleza.
Convertirse en santo es un proceso riguroso que la Iglesia Católica divide en cuatro etapas: Siervo de Dios, Venerable, Beato y, finalmente, Santo. La beatificación se concede a fieles que fallecieron con fama de santidad, ya sea por sus virtudes heroicas o por martirio, es decir, por morir a causa de su fe. Una vez canonizado, el nombre de la persona se incorpora al canon de santos, permitiendo su culto público y universal, con fiestas litúrgicas y la creencia en su intercesión ante Dios.
Aunque no hay una cifra exacta, se estima que existen alrededor de siete mil santos reconocidos oficialmente por el Martirologio Romano, una cifra que podría ascender a veinte mil si se incluyen los mártires. En la historia reciente, el Papa Francisco ha batido todos los récords de canonizaciones, superando a Juan Pablo II con 898 nuevos santos, 800 de ellos proclamados en una misma ceremonia. A nivel global, el catolicismo cuenta con más de 1.360 millones de fieles, con América como el continente con mayor número de creyentes, y Sudamérica representando más de un cuarto del total.
Fuente original: Infobae


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