Mantenerse activo durante la tercera edad no es solo una opción, sino una necesidad imperante para preservar la calidad de vida. Especialmente a partir de los 60 años, la actividad física, y en particular el entrenamiento de fuerza, emerge como una herramienta clave para combatir condiciones como la sarcopenia (pérdida de masa muscular) y la osteoporosis, que amenazan la movilidad y la independencia.
Los beneficios del ejercicio regular trascienden la prevención de caídas y fracturas. Numerosos estudios demuestran su impacto positivo en la reducción del riesgo de enfermedades cardíacas, diabetes, accidentes cerebrovasculares, hipertensión, depresión y ciertos tipos de cáncer. Incluso contribuye a una menor probabilidad de deterioro cognitivo y mejora el equilibrio y la coordinación. Según datos de la OMS, mientras que la esperanza de vida en Argentina ronda los 75 años, la expectativa de vida saludable se sitúa en los 65, subrayando la importancia de la prevención y el mantenimiento de la salud.
El Dr. Javier Amestoy, especialista en medicina del deporte, enfatiza que el músculo es esencial para conservar la autonomía. Aunque lo ideal es incorporar estos hábitos desde la juventud, destaca que nunca es tarde para empezar. Incluso una persona de 80 años con un historial sedentario puede mejorar significativamente su fuerza con un programa de ejercicio adaptado. Esto redefine la percepción del ejercicio, alejándolo de la mera estética para posicionarlo como una estrategia fundamental de prevención y promoción de la salud.
Uno de los mayores desafíos para la movilidad de los adultos mayores es la inmovilidad durante las internaciones hospitalarias. Estudios revelan que los adultos mayores pasan gran parte de su estancia hospitalaria en cama, lo que puede llevar a una pérdida significativa de fuerza y masa muscular, dificultando la recuperación post-alta. Sin embargo, una atención adecuada, fisioterapia temprana y programas de movimiento pueden mitigar este deterioro.
Para quienes se inician o retoman la actividad física después de los 60, la clave es la constancia y el disfrute, más allá de la intensidad extrema. Expertos como Antonio Gómez, de Planet Fitness, sugieren que 20 minutos bien aprovechados y sostenidos son suficientes para activar el cuerpo, mejorar la salud cardiovascular y reducir el estrés. No es necesario levantar grandes pesos; ejercicios con mancuernas livianas, bandas de resistencia o el propio peso corporal (sentadillas, zancadas, planchas adaptadas) son excelentes opciones. Lo fundamental es la sobrecarga progresiva y la guía de profesionales para asegurar una correcta ejecución y prevenir lesiones.
En definitiva, la invitación es a celebrar cada pequeño logro diario y a encontrar un entorno donde la persona se sienta cómoda y gane confianza. La meta no es el “fallo muscular” de un atleta de alto rendimiento, sino la salud, el bienestar y la capacidad de seguir realizando las actividades cotidianas de forma autónoma, como levantarse de una silla o subir escaleras. Caminar es una excelente base, que luego puede combinarse con movilidad, estiramientos y fuerza suave para cuidar articulaciones y huesos.
Fuente original: Infobae




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