Desde la irrupción de las plataformas de streaming hace aproximadamente dos décadas, el panorama musical global ha experimentado una transformación radical. Lo que antes era un podio de éxitos anglosajones replicado en todo el mundo, hoy se muestra fragmentado, especialmente en mercados como el español, donde las canciones más populares a menudo no figuran en los rankings internacionales y sus intérpretes resultan desconocidos fuera de sus fronteras. Este fenómeno contrasta con la era dorada donde la música británica o estadounidense dictaba las tendencias globales.
La disrupción del streaming, según expertos como Darío Manrique de Spotify España, no se tradujo tanto en una globalización homogénea, sino en la demolición de barreras geográficas, de género y lingüísticas. Además, facilitó el acceso a la música sin la obligatoriedad de un contrato discográfico, democratizando la producción y distribución. Los informes indican que casi el 88% de los ingresos de la industria musical provienen ya del mercado digital, dominado casi por completo por las plataformas de streaming, que alcanzan a millones de oyentes.
Esta nueva dinámica ha provocado que los antiguos prescriptores de éxitos, como la radio, hayan perdido su influencia, funcionando ahora a remolque de temas ya probados en lugar de crearlos. Las plataformas, con sus algoritmos de recomendación personalizados, han generado lo que se conoce como «cámaras de eco», donde cada usuario tiende a escuchar música similar a sus preferencias, fragmentando aún más las audiencias. Paradójicamente, esta globalización ha fortalecido los mercados locales, especialmente en géneros como la música urbana, aunque existen excepciones de éxitos globales impulsados por colaboraciones o eventos de gran escala como el Mundial de fútbol.
En el caso de países hispanohablantes, la lengua se ha convertido en un eje central, potenciando géneros como el reguetón y otros ritmos latinos. Sin embargo, no hay que sobreestimar el alcance del mercado musical en español, que si bien ha ganado relevancia, no compite directamente con el mercado anglosajón más allá de nuestras fronteras y Latinoamérica. La fragmentación ha llegado a tal punto que el número uno de un país puede pasar desapercibido para gran parte de su población. Esto lleva a reevaluar la noción de éxito, que ya no se mide solo por reproducciones, sino por un promedio de impacto en streaming, conversación social y venta de entradas, una métrica más compleja y subjetiva.
Fuente original: Infobae

