Confiar en una figura de autoridad no depende solo del cargo que ocupa. También intervienen las experiencias previas, la manera en que se establecen las reglas y la posibilidad de comprender por qué se toma una determinada decisión.
Desde la infancia, las personas comienzan a evaluar quién resulta confiable y qué información merece ser aceptada. Este proceso no se limita a obedecer: también implica observar la precisión, la coherencia y el comportamiento de quienes transmiten información.
Por eso, cuestionar una orden o pedir explicaciones no necesariamente significa rechazar toda forma de autoridad. En algunos casos, puede formar parte de una forma de evaluar si quien tiene poder es confiable.
La psicología del desarrollo y los estudios sobre legitimidad de las autoridades han analizado estos mecanismos y encontraron que la confianza puede estar relacionada tanto con experiencias tempranas como con la forma en que una autoridad ejerce su función.
Un artículo publicado por Silicon Canals plantea que algunas personas desarrollan desde pequeñas una expectativa particular: las figuras confiables son aquellas capaces de explicar sus decisiones cuando se les pregunta. Esta conducta se relaciona con investigaciones sobre confianza selectiva, crianza y legitimidad de la autoridad.
Uno de los antecedentes científicos está en los estudios sobre confianza selectiva, un proceso mediante el cual los niños no aceptan toda la información por igual, sino que observan quién demostró ser preciso o confiable.
Una investigación publicada en Developmental Science analizó a niños de 3, 4 y 5 años que recibían información contradictoria de dos docentes. Los resultados mostraron que, a partir de los 4 años, los chicos podían modificar su confianza según el historial reciente de aciertos o errores de cada adulto.
Otro trabajo publicado en el Journal of Experimental Child Psychology encontró que niños de 3 y 4 años podían distinguir entre informantes precisos e imprecisos y modificar sus creencias en función de la confiabilidad demostrada por cada uno.
En este proceso, las experiencias familiares también pueden tener un papel.
La investigación sobre disciplina infantil distingue entre imponer una regla mediante el poder y explicar las razones que existen detrás de ella. A esta segunda estrategia se la conoce como disciplina inductiva: consiste en explicar al niño por qué una conducta está mal y cuáles son sus consecuencias para otras personas.
Una revisión disponible en PubMed Central señala que este tipo de disciplina se ha relacionado con el desarrollo de la conciencia moral y con una mayor capacidad para comprender las consecuencias de las propias acciones. Investigación sobre socialización y desarrollo de la conciencia infantil.
Esto no significa que todas las personas que tuvieron una crianza basada en explicaciones desconfíen de las autoridades. Tampoco permite afirmar que la dificultad para confiar tenga una única causa.
La percepción de una autoridad también puede cambiar según la forma en que ejerce su poder. El investigador Tom Tyler desarrolló una línea de estudios sobre justicia procedimental , concepto que analiza cómo las personas valoran los procesos utilizados por las autoridades, además de los resultados.
Entre los factores considerados aparecen la posibilidad de ser escuchado, el trato respetuoso, la neutralidad y la percepción de que la autoridad actúa de manera confiable.
Así, una persona puede aceptar una decisión aunque no sea la que esperaba si percibe que el procedimiento fue justo y que la autoridad pudo explicar sus motivos. Cuando esa percepción no existe, el cuestionamiento puede aparecer con mayor frecuencia.
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Fuente original: Clarín
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