En la búsqueda de una alimentación balanceada, la fruta siempre ocupa un lugar central. Sin embargo, su presentación —fresca, congelada o deshidratada— puede influir en su valor nutricional. Contrario a la creencia popular, la fruta congelada emerge como una opción sorprendentemente beneficiosa, e incluso, en ciertas condiciones, puede superar a la fresca en términos de nutrientes.
La doctora Sara Marín, reconocida en redes sociales como @uncafecontudoctora, ha desglosado las particularidades de cada formato. Según la especialista, el valor de la fruta congelada radica en el momento de su procesamiento: se congela inmediatamente después de ser recolectada. Este método asegura que conserve intactos sus nutrientes esenciales, fibra, minerales y antioxidantes, convirtiéndola en una excelente alternativa cuando la fruta fresca de estación o de origen local no está disponible.
Marín enfatiza especialmente los frutos rojos como arándanos, frambuesas y moras, destacando sus beneficios para la microbiota y su alto contenido de antioxidantes. Estos frutos, al ser delicados, son susceptibles de perder propiedades durante el transporte y almacenamiento prolongado. En estos casos, optar por la versión congelada puede ser preferible para asegurar el máximo aporte nutricional.
Esto no significa que la fruta fresca pierda su valor. La doctora aclara que sigue siendo una opción excelente siempre que sea local, de temporada y se consuma rápidamente. El problema surge cuando la fruta viaja largas distancias o se almacena por mucho tiempo, ya que puede ser recolectada verde y madurar en tránsito, perdiendo hasta un 30% de vitamina C en apenas cinco días. No obstante, en sabor y textura, la fruta fresca suele llevar la delantera.
Respecto a la fruta deshidratada, Marín aconseja un consumo moderado debido a la concentración de azúcar. Si bien no es un alimento a descartar, recomienda limitarse a un puñado para evitar excesos. En definitiva, la doctora anima a no idealizar un único tipo de fruta y a considerar todas las alternativas. Su mensaje es claro: “La peor fruta siempre va a ser la que no te comes”.
Fuente original: Infobae




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