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Fito Páez recuerda al Indio Solari como un «chamán» y revela una enseñanza inolvidable

05/06/2026 4 min de lectura Por Redacción
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La reciente partida de Carlos «Indio» Solari ha dejado una marca imborrable en el panorama musical y cultural argentino. Para Fito Páez, la noticia trascendió la mera despedida de un colega; significó el adiós a lo que él describió como un «hermano mayor» y una figura tan enigmática como cautivadora. «Se fue el líder de una de las tribus argentinas más importantes», expresó Páez, aludiendo al profundo impacto que la ausencia de un «cacique» genera en su comunidad, provocando un duelo colectivo y una sensación de desconcierto.

La figura de Solari iba más allá de la música. Su carisma inusual y su magnetismo lo posicionaron como una especie de chamán o guía espiritual para diversas generaciones de seguidores. La muerte de un líder con esa capacidad de iluminar a su gente inevitablemente deja un vacío inmenso, un sentimiento que Páez compartió con la «inmensa masa ricotera», la legión de fans que hoy siente con pesar la ausencia de su referente.

A pesar de compartir la pasión por la música y un público similar, Páez y Solari tuvieron un único encuentro que, sin embargo, resultó determinante. Ocurrió a fines de 1988, en los camarines del mítico Cemento. Allí, Solari interpeló a Páez con la franqueza de un hermano mayor sobre una canción que, a su juicio, Fito estaba «maltratando» públicamente. Páez describió aquella observación como «precisión cartesiana de orden amoroso», una revelación que, suavemente, le mostró una dura verdad sobre su propia vida y obra.

La anécdota, bien conocida en el ámbito del rock nacional, giraba en torno a «Yo vengo a ofrecer mi corazón», el himno esperanzador que Fito había grabado en su disco «Giros» (1985) y que rápidamente se convirtió en un clásico. Sin embargo, tras la trágica muerte de su abuela y su tía en Rosario al año siguiente, Páez, sumido en el enojo y el dolor, dejó de interpretar el tema. Sentía que la canción había envejecido, que el mundo había sido ingrato con su ofrenda y que nadie merecía ya su corazón.

Pero el Indio, en medio del humo de los camarines del boliche de Omar Chabán, le ofreció una perspectiva diferente. «Me instaba a una definitiva reparación de aquella pieza», sintetizó el rosarino, interpretando la prosa solariana. Ese momento quedó grabado en la memoria de Páez como una enseñanza directa, cargada de afecto, donde una crítica se transformó en una invitación a crecer. Así era el Indio para Fito: un ser magnético, de profundo carisma, capaz de decir lo necesario sin herir y de dejar una marca indeleble con una sola conversación.

Desde la perspectiva de Fito Páez, la partida de Solari representa la pérdida de un par, de alguien que pertenecía al mismo «bando» de «la convulsionada, salvaje y siempre exótica e imprevisible cultura rock». No se despidió solo un músico o un personaje público, sino alguien que, desde lo más profundo, comprendía y sostenía la esencia de ese universo tan particular.

Fuente original: Infobae