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Hígado Graso: La Amenaza Silenciosa que Afecta a Millones y Desafía la Salud Pública

05/06/2026 3 min de lectura Por Redacción
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El hígado graso, conocido médicamente como MASLD (antes hígado graso no alcohólico), se ha convertido en la enfermedad hepática crónica más común a nivel mundial, afectando a entre el 25% y el 30% de la población adulta. Lo más alarmante es su naturaleza sigilosa: no presenta síntomas evidentes en sus etapas iniciales, lo que permite que el daño progrese silenciosamente durante años hasta volverse, en muchos casos, irreversible. Esta condición representa un desafío creciente para la salud pública global y, por ende, para Argentina.

Los especialistas asocian directamente el aumento de la prevalencia del hígado graso con el crecimiento global de la obesidad y el síndrome metabólico. Factores como una alimentación rica en grasas y azúcares, característica de la dieta occidental, la inactividad física, la mala calidad del sueño y el estrés crónico, crean un ambiente propicio para que la grasa se acumule en el hígado y desencadene procesos inflamatorios. Este desequilibrio metabólico afecta la capacidad del hígado para procesar lípidos de manera eficiente, llevando al estrés oxidativo y la disminución de energía celular.

La enfermedad progresa en distintas etapas. Inicialmente, se observa una acumulación simple de grasa, una fase que aún es reversible. Sin embargo, si no hay intervención, puede evolucionar hacia una esteatohepatitis metabólica, donde la inflamación y la fibrosis ya están presentes. Sin un tratamiento adecuado, el tejido hepático sano es reemplazado gradualmente por cicatrices, culminando en cirrosis, una condición irreversible que puede derivar en insuficiencia hepática o cáncer. Las personas con sobrepeso, obesidad, diabetes tipo 2 y triglicéridos elevados son las más vulnerables a esta progresión.

Pero el impacto del hígado graso trasciende el propio órgano. Esta patología incrementa significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, que se posicionan como la principal causa de muerte entre quienes la padecen. Además, se ha vinculado con una mayor incidencia de enfermedad renal crónica y síndrome de ovario poliquístico. En sus fases más avanzadas, la inflamación y el estrés oxidativo crónicos pueden favorecer la aparición de carcinoma hepatocelular, la forma más común de cáncer de hígado.

Ante este panorama, el diagnóstico temprano y la implementación de medidas preventivas son fundamentales. Los expertos señalan que una pérdida gradual de peso, incluso entre el 3% y el 5% del total corporal, puede reducir notablemente la grasa acumulada en el hígado. Mantenerse físicamente activo de forma regular y adoptar una alimentación balanceada son pilares esenciales para controlar la resistencia a la insulina y frenar la progresión de la enfermedad, mejorando así la calidad de vida y previniendo complicaciones graves.

Fuente original: Infobae