En un país donde la tarjeta de crédito suele ser sinónimo de endeudamiento y preocupaciones, una experta en finanzas propone un cambio de paradigma para aprovechar al máximo este instrumento sin caer en la trampa de los intereses. Natalia Lara, especialista en la materia, sostiene que el problema no radica en la tarjeta en sí, sino en la forma en que la utilizamos.

La distinción fundamental es clara: mientras que la tarjeta de débito opera con el dinero propio disponible en la cuenta bancaria, la de crédito implica el uso de fondos prestados por la entidad financiera, con un límite preestablecido. Esta diferencia de origen impacta directamente en nuestro historial crediticio, la protección ante fraudes y los beneficios adicionales que cada una ofrece.

La propuesta de Lara es ingeniosa: utilizar la tarjeta de crédito “como si fuera de débito”. Esto se traduce en dos reglas de oro: comprar únicamente aquello que ya está presupuestado de antemano y, crucialmente, saldar cada gasto apenas se realiza, sin esperar al resumen mensual. Para que este sistema funcione con fluidez, la tarjeta debe estar vinculada a la cuenta habitual, facilitando los pagos inmediatos sin trámites engorrosos.

Ignorar la tarjeta de crédito y usar solo débito tiene un costo oculto significativo. Las transacciones con débito no generan historial crediticio, ya que no implican un préstamo que el sistema pueda registrar. Esta “invisibilidad” financiera puede dificultar o encarecer el acceso a hipotecas y otros préstamos importantes en el futuro. Además, las tarjetas de crédito suelen ofrecer programas de recompensas, reintegros, seguros de viaje y extensiones de garantía, beneficios que las de débito raramente igualan.

Otro punto clave es la seguridad. Ante un robo o clonación, reclamar un cargo no autorizado en una tarjeta de crédito es considerablemente más sencillo que recuperar el dinero ya debitado de una cuenta. Con crédito, el banco investiga mientras el saldo del titular permanece intacto; con débito, el dinero ya salió y su recuperación puede tardar días, dejando la cuenta vulnerable a otros descubiertos.

En resumen, la estrategia de Natalia Lara permite construir un historial crediticio sólido, acceder a todos los beneficios que ofrece el banco y, lo más importante, nunca deberle un peso. La clave, según la experta, no es una cuestión técnica ni financiera, sino puramente de disciplina. Adoptar este enfoque no altera el presupuesto mensual, sino que optimiza el uso de las herramientas financieras a nuestro alcance.

Fuente original: Infobae