Uno de los mayores desafíos que enfrenta el mercado inmobiliario argentino es la falta de un sistema de crédito hipotecario a largo plazo que sea predecible y constante. Históricamente, en nuestro país, los préstamos para la vivienda aparecen y desaparecen al ritmo de las crisis económicas, generando una gran incertidumbre tanto para quienes buscan comprar una casa como para el sector de la construcción.
Recientemente, el Gobierno dio un paso importante al considerar la posibilidad de que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) deposite fondos a largo plazo en los bancos, con la condición de que estos se destinen a otorgar hipotecas. Si bien esta iniciativa es valorable, los expertos del sector inmobiliario señalan que no es suficiente y proponen ir un paso más allá para reactivar verdaderamente la construcción.
La clave, según los especialistas, está en implementar lo que llaman “hipotecas divisibles” o el financiamiento “desde el pozo”. Esto significa que el comprador pueda acceder a un crédito hipotecario de largo plazo mientras la vivienda aún está en construcción. De esta manera, el desarrollador inmobiliario recibe los fondos necesarios para avanzar con la obra sin depender de la volatilidad del mercado una vez que la propiedad esté terminada.
¿Por qué es tan importante? Porque un proyecto de construcción puede demorar varios años. Si un desarrollador tiene que esperar a que la obra esté terminada para que los compradores accedan a un crédito, asume un riesgo enorme, ya que nadie puede asegurar que en ese lapso las condiciones del mercado hipotecario sigan siendo favorables. Al financiar desde el pozo, se asegura la continuidad de los proyectos y se reduce la incertidumbre.
Este modelo, que ya se utiliza en otros países de la región como Perú, tendría un impacto económico mucho mayor que solo financiar viviendas terminadas. Cuando una familia compra una casa usada con crédito, se moviliza el mercado. Pero cuando se financia una vivienda en construcción, se pone en marcha toda una cadena productiva: se generan empleos, se demandan materiales, se activan proveedores y profesionales, y se recauda más impuestos, generando un efecto multiplicador significativo en la economía.
Aunque en Argentina ya existe el marco jurídico para aplicar este tipo de hipotecas, es necesario desarrollar la operatoria bancaria a gran escala. Aquí es donde el incentivo del FGS juega un rol crucial: si los bancos saben que pueden acceder a recursos a largo plazo a cambio de desarrollar estos programas, tendrán un motivo concreto para invertir en equipos y conocimientos, creando así una nueva línea de negocios sostenible. El objetivo es construir un sistema mejor, donde el ahorro argentino financie viviendas y el crédito impulse simultáneamente la oferta y la construcción.
Fuente original: La Nación



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