El color del esmalte puede funcionar como una forma de presentación personal , aunque la evidencia científica no permite afirmar que un tono defina por sí solo la personalidad.

Esa es la premisa que expusieron la neuropsicóloga Sanam Hafeez y la manicurista Juli Russell en una nota de Real Simple , donde dialogan con estudios internacionales sobre color, emoción y percepción.

La relación entre color y estados afectivos figura desde hace décadas en la investigación psicológica. Una revisión publicada en Psychonomic Bulletin & Review y difundida por la American Psychological Association reunió 132 estudios con 42.266 participantes de 64 países.

Se halló asociaciones consistentes entre colores y emociones . Aunque sus autoras advirtieron que esos vínculos no alcanzan para diagnosticar rasgos de personalidad ni sostener que un color produzca siempre una reacción idéntica.

En esa línea, Hafeez planteó ante el medio citado que elegir de manera reiterada el mismo esmalte puede reflejar más la imagen que una persona desea proyectar que un rasgo fijo de su identidad .

Los tonos neutros suelen quedar ligados a una búsqueda de sobriedad visual . De acuerdo con lo que explicó Hafeez, quienes regresan a beiges, blancos lechosos o rosas muy tenues suelen priorizar una apariencia cuidada sin atraer demasiada atención.

La lectura coincide con parte de la literatura académica sobre percepción del color: la revisión difundida por la APA detectó que los colores claros tienden a vincularse con emociones de valencia positiva y menor activación .

Ese dato no autoriza una regla cerrada, aunque ofrece contexto para entender por qué los esmaltes discretos suelen asociarse con orden, limpieza visual y estabilidad . En el plano estético, Russell describió esos tonos como elecciones clásicas y versátiles.

El rosa pálido conserva una presencia estable en la manicura cotidiana y aparece asociado a una imagen amable. Russell lo vinculó en Real Simple con una energía romántica y una estética femenina sin exceso . Hafeez coincidió en que ese color puede funcionar como una forma de expresión para quienes prefieren un registro clásico y accesible.

La evidencia comparada sobre color y emoción aporta un marco complementario. Según la revisión reseñada por la American Psychological Association, el rosa aparece relacionado con emociones positivas en una amplia variedad de estudios.

El dato no implica que toda persona que use ese tono comparta el mismo temperamento, aunque ayuda a explicar por qué ese color conserva asociaciones culturales con dulzura, calma y cercanía social .

El rojo ocupa un lugar singular dentro de la psicología del color por su nivel de activación. La síntesis de estudios revisada por la APA lo asoció con emociones de alta intensidad , tanto positivas como negativas, y con una idea de poder.

En un repaso de la literatura publicado por Annual Review of Psychology, investigadores señalaron que el color puede influir sobre afectos, cognición y conducta. Aunque remarcaron que los efectos dependen del contexto y no admiten generalizaciones simples.

Sobre esa base, Hafeez sostuvo que las personas que eligen rojo de manera reiterada suelen proyectar seguridad y comodidad al tomar decisiones o expresar lo que piensan. Russell sumó que ese color mantiene una gravitación estable dentro de la manicura por su capacidad de transmitir presencia sin necesidad de diseños complejos.

El negro, bordó y ciruela oscuro suelen leerse como elecciones de mayor dramatismo visual. En la revisión de Psychonomic Bulletin & Review , el primero apareció ligado a emociones negativas de alta activación .

Mientras que los colores oscuros, en términos generales, tendieron a vincularse con valencias menos positivas que los tonos claros. Las autoras subrayaron que se trata de asociaciones estadísticas y culturales, no de equivalencias fijas.

En la interpretación de Hafeez, quienes prefieren esmaltes oscuros pueden buscar una imagen de confianza más silenciosa, con sentido del estilo y gusto por la diferenciación. Russell añadió una idea similar al describir esos colores como opciones que condensan sofisticación y cierta reserva .

Los esmaltes brillantes o muy saturados suelen leerse como elecciones expansivas. La revisión citada por la APA encontró que colores como el azul, verde o tonos cercanos se asocian con emociones positivas de baja activación. Mientras que amarillos y naranjas se vinculan con emociones positivas de mayor energía. Esa diferencia muestra que la categoría de colores vivos no produce un único efecto simbólico.

Fuente original: Infobae

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