La esperanza de una vida mejor para María Bernarda Popol García, una joven guatemalteca de apenas 22 años, se desvaneció de la forma más cruel, hallada sin vida en la oscuridad de un armario en Telford, Pensilvania, Estados Unidos. María había emigrado dos años antes desde Guatemala, impulsada por el deseo de trabajar incansablemente como camarera en un restaurante y enviar dinero a su familia.

Quienes la conocían la describían como una persona de sonrisa amable, espíritu alegre y una dedicación admirable para sostener a sus seres queridos a la distancia. Sin embargo, detrás de esa fachada de superación, se gestaba una tragedia marcada por la violencia de género, el control y la crueldad más profunda.

La pesadilla comenzó la noche del 6 de marzo de 2026. María se preparaba para tomar una decisión crucial: poner fin a su relación con Darwin David Espinal-Del Cid, un hondureño de 27 años con quien compartía un departamento. Poco antes de la medianoche, tras un viaje, la tensión estalló en una violenta discusión dentro de la vivienda.

Lejos de aceptar la voluntad de María, Espinal-Del Cid reaccionó con una ferocidad despiadada. Armado con un objeto punzocortante, atacó a la joven sin piedad, cortándole la garganta y apagando su voz y su vida en cuestión de minutos. Un crimen atroz motivado por el rechazo y el deseo de dominación absoluta.

La brutalidad del agresor no terminó con el femicidio. Con una frialdad escalofriante, el hombre envolvió el cuerpo sin vida de María en una manta, lo arrastró hasta el clóset del departamento y lo ocultó bajo pilas de ropa vieja, intentando retrasar el descubrimiento de su macabro acto.

Antes de huir, Espinal-Del Cid revisó las pertenencias de su víctima, robándole 400 dólares en efectivo y su teléfono celular. Con una mente calculadora, utilizó el dispositivo de María durante varios días para enviar mensajes de texto falsos a familiares y amigos, simulando que ella estaba bien y se había mudado a otra localidad. Esta estrategia buscaba ganar tiempo y desorientar a una familia que ya empezaba a preocuparse por su ausencia.

Mientras el femicida compraba un pasaje y volaba de regreso a Honduras el 9 de marzo, el cuerpo de María permaneció oculto en la oscuridad del armario durante nueve interminables días. No fue hasta el 15 de marzo, cuando un vecino, alertado por un olor denso y perturbador, descubrió la macabra escena. La denuncia previa por desaparición, interpuesta por los familiares de la víctima, confirmó el peor de los presagios.

La fuga internacional de Espinal-Del Cid concluyó el 17 de agosto de 2026. En una operación coordinada entre el FBI y las autoridades hondureñas en Pespire, Choluteca, el agresor fue finalmente capturado. Tras su arresto, el sospechoso confesó ante los investigadores haber perpetrado el brutal asesinato.

Actualmente, el imputado permanece detenido en Tegucigalpa, a la espera de ser extraditado al condado de Bucks, Pensilvania, donde enfrentará graves cargos por homicidio criminal, posesión de un instrumento delictivo, robo, estafa y profanación de cadáver. Aunque el arma homicida aún no fue recuperada y nada podrá devolver la vida a María, su familia encuentra un amargo consuelo en saber que la justicia ha comenzado a alcanzar al hombre que apagó cruelmente la vida de la joven migrante.

Fuente original: Infobae