Un potente terremoto azotó Colombia el pasado 10 de agosto, dejando una estela de destrucción y miles de familias damnificadas. En este difícil contexto, la reconocida presentadora Sara Uribe, conmovida por la situación, decidió compartir un emotivo relato personal sobre cómo ella misma estuvo al borde de perderlo todo en su infancia, con el objetivo de ofrecer un mensaje de esperanza y resiliencia a quienes hoy sufren las consecuencias del sismo.

Uribe rememoró un dramático episodio de su niñez, cuando un incendio se desató en una panadería ubicada debajo de su vivienda. Recordó la angustia de su madre al sentir el piso hirviendo y el humo invadiendo su hogar, obligándolas a escapar a ciegas por las escaleras. Aunque la casa se salvó esa vez, la familia enfrentó más tarde una dura crisis económica que los llevó a perderlo todo y mudarse a casa de su abuela. Esta experiencia, según la presentadora, le enseñó desde pequeña a valorar un techo y la comida por encima de cualquier posesión material.

Con lágrimas en los ojos, Sara Uribe se dirigió a los damnificados, asegurándoles que «sí importa lo que perdieron» y que es natural sentir el dolor por las cosas materiales, pero enfatizó que «lo material tiene el valor que nosotros le damos, no el valor de definir hasta dónde puede llegar nuestra vida». Su mensaje fue claro: es posible reconstruir lo perdido y superar la adversidad. «Vendrán días mejores y llegarán cosas que hoy quizá ni siquiera pueden imaginar. A mí también me tocó volver a empezar y hoy puedo decirles que sí se puede», afirmó.

La presentadora también hizo un llamado a la solidaridad, instando a aquellos que «gozan de privilegios» a no abandonar a las familias afectadas, destacando que el proceso de recuperación es largo y requiere apoyo continuo. La magnitud del desastre en Colombia es alarmante: según el último balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, con fecha del 21 de agosto de 2026, el sismo ha impactado a 15 departamentos y 476 municipios, afectando a más de 146.000 familias y casi 285.000 personas.

Las cifras son desgarradoras: el terremoto cobró la vida de 321 personas, dejó a 4.595 heridas y 257 desaparecidas. En cuanto a la infraestructura, 163.884 viviendas resultaron averiadas, de las cuales 31.445 quedaron completamente destruidas y 467 edificios colapsaron. Daños significativos se reportaron también en 351 centros de salud, 3.579 centros educativos y 4.611 centros comunitarios, además de graves afectaciones en rutas, acueductos y puentes, dejando en evidencia la inmensa tarea de reconstrucción que enfrenta el país vecino.

Fuente original: Infobae