Las regiones españolas de Castilla y León, Galicia y Extremadura atraviesan estas semanas con una profunda inquietud, al cumplirse un año de una serie de devastadores incendios forestales que marcaron un antes y un después en su historia. La memoria de la ola de fuegos de agosto de 2025, que arrasó con extensiones sin precedentes de terreno, genera hoy un temor palpable entre sus habitantes y autoridades frente a la actual temporada de verano.
Los datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) revelan la magnitud de la tragedia. En solo dos semanas de agosto de 2025, entre el 6 y el 19, más de 320.000 hectáreas fueron consumidas por las llamas en España. Esta cifra supera incluso la superficie quemada en todo lo que va de 2026, que asciende a 275.893 hectáreas. El año pasado, la situación se disparó drásticamente a partir de agosto, multiplicando por cinco la superficie calcinada respecto a los meses previos.
Castilla y León fue una de las comunidades más golpeadas. El incendio de Burgohondo, en Ávila, se erigió como el peor en la historia de España con más de 50.000 hectáreas afectadas. En el verano de 2025, esta región perdió 140.000 hectáreas y lamentó la muerte de cinco personas. Lugares de incalculable valor natural y cultural, como Las Médulas (Patrimonio de la Humanidad por la Unesco), el Parque Nacional Picos de Europa y la Reserva de la Biosfera de Los Ancares, sufrieron graves daños.
Galicia también vivió un infierno hace un año, especialmente en la provincia de Ourense. Incendios como el de Larouco-Seadur (casi 32.000 hectáreas), Chandrexa de Queixa-Vilariño de Conso (23.000 hectáreas) y Oímbra-Xinzo de Limia (casi 24.000 hectáreas) dejaron un saldo desolador. En pocas semanas, cerca de 100.000 hectáreas ardieron, provocando más de 2.000 confinamientos y 400 evacuaciones, además de dañar al menos 144 viviendas y reservas naturales protegidas.
Finalmente, Extremadura fue escenario del mayor incendio de su historia en Jarilla, Cáceres, que arrasó con más de 17.000 hectáreas en los valles del Ambroz y del Jerte. Cientos de personas fueron evacuadas y realojadas. Hoy, los vecinos de estas zonas enfrentan el verano con una mezcla de «inquietud» y «miedo», preocupados por la abundante vegetación en los montes que, según denuncian, no ha sido limpiada adecuadamente, aumentando el riesgo de que la historia se repita.
Fuente original: Infobae

