Lo que comenzó como una solución de emergencia, se transformó en un rotundo éxito para Boca Juniors. Aunque el propio protagonista, Rodolfo Arruabarrena, insiste en que “todavía no se ha ganado nada”, la realidad es que, en la gestión presidencial de Juan Román Riquelme, el equipo nunca mostró un rendimiento tan sólido ni estuvo tan bien posicionado en todas las competencias. Gran parte de este cambio se atribuye al regreso del ‘Vasco’ al club después de una década, imponiendo un método que combina una intensa ética de trabajo con una inquebrantable firmeza en la toma de decisiones.

Leandro Paredes, el capitán y uno de los referentes del plantel, destacó un “click mental” y una “chispa” que Arruabarrena encendió en el vestuario. El ‘Vasco’ conoce como pocos el universo xeneize: se formó en la cantera, debutó con la camiseta azul y oro, fue multicampeón bajo la dirección de Carlos Bianchi y ya había logrado dos títulos en su primer ciclo como entrenador en 2015. Esta profunda conexión con la institución es, para muchos, la clave del excelente presente del equipo, que en apenas dos meses y medio tiene la posibilidad de conquistar cinco campeonatos: el Torneo Clausura, la Tabla Anual, la Copa Sudamericana, la Copa Argentina y el Trofeo de Campeones.

El éxito de Arruabarrena se explica, en parte, por la autonomía que Riquelme le otorgó, a diferencia de lo que solía ocurrir en etapas anteriores. Aunque fueron compañeros en épocas doradas de Boca y en Villarreal, su relación es puramente profesional. Además, el ‘Vasco’ cuenta con un respaldo inusual, incluso de la oposición, manteniendo vínculos con figuras como Mauricio Macri, lo que blindó su elección y evitó cuestionamientos. Su filosofía como “seleccionador” de jugadores, enfocándose en el próximo partido, ha resonado positivamente en un plantel que ahora se siente identificado con su propuesta.

Desde aquel empate 2 a 2 frente a Newell’s el 2 de agosto, Boca ha disputado 13 encuentros en 46 días, es decir, uno cada 72 horas, y no ha conocido la derrota. Con 7 victorias y 6 empates, incluyendo clasificaciones clave en Copa Argentina y Sudamericana, el Xeneize suma ya 15 partidos sin perder. La única caída de su ciclo fue en la primera fecha del campeonato ante Deportivo Riestra. En este contexto, Arruabarrena ha mantenido una base táctica sólida, alternando entre el 4-3-1-2 y el 4-3-3, y ha logrado que la formación titular salga de memoria, a pesar de tener cuatro competencias por delante y un plantel de no más de 28 jugadores.

Entre sus primeras y más impactantes decisiones, el ‘Vasco’ realizó una “purificación” del plantel. Abrió las puertas de salida a figuras como Edinson Cavani y Ander Herrera, y prescindió de otros nombres importantes como Agustín Martegani, Juan Barinaga, Marcelo Weigandt y Lucas Janson. También apartó a Exequiel Zeballos, quien buscaba su salida a Europa. Al mismo tiempo, recuperó a talentos como Alan Velasco y Kevin Zenón, generando incluso alguna rispidez con Riquelme por la permanencia de este último. Arruabarrena también mostró su buen ojo al respaldar a juveniles como Leonel Flores (19), hoy figura, Facundo Jagger Herrera (20) y Lautaro Di Lollo (22), a quienes considera fundamentales para ir “a la guerra”.

Estas determinaciones inyectaron una enorme confianza en un equipo que, por primera vez en mucho tiempo, exhibe un fútbol atildado. Sin embargo, Arruabarrena mantiene la calma y la mesura. “Nunca un entrenador se puede ir satisfecho”, afirma, y se distancia de la euforia de los hinchas. “Tenemos que ir con paciencia y estar tranquilos. La ilusión es normal, pero estamos a mitad de temporada, no hemos conseguido absolutamente nada y hay que seguir trabajando”, enfatiza. Con carácter y sin “vender humo”, el ‘Vasco’ lidera a Boca, ya saldó una deuda pendiente al ganarle a San Lorenzo y ahora va por otra revancha ante Racing en la Copa Argentina.

Fuente original: Clarín