El oro registró su nivel más bajo en seis meses este miércoles, cayendo hasta los u$s4.168 por onza en el mercado spot, tras acumular una baja del 2% en la jornada. La presión sobre el metal precioso se intensificó en un contexto de creciente incertidumbre geopolítica, con recientes enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán que han reavivado las tensiones en Medio Oriente.
Los recientes ataques estadounidenses contra objetivos vinculados a Irán, seguidos de amenazas de represalia y el lanzamiento de drones contra instalaciones militares en Bahréin, han generado preocupación sobre una posible escalada prolongada en la región. Esta situación ha puesto nuevamente en el centro de atención al Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más críticas del mundo.
El encarecimiento del petróleo, que superó temporalmente los u$s93 por barril, no benefició al oro como activo de refugio. En cambio, generó preocupación sobre la inflación global, lo que ha reforzado las expectativas de que la Reserva Federal mantenga tasas de interés elevadas durante más tiempo. Esta situación perjudica al metal precioso, ya que no genera rendimientos financieros.
Los datos de inflación en Estados Unidos, que se espera que alcancen el 4,2% anual, serán clave para determinar si las presiones inflacionarias se extienden más allá del sector energético. Además, desde el punto técnico, la perforación de la media móvil de 200 días ha generado señales de venta entre inversores institucionales.
Los analistas advierten que la debilidad del oro podría prolongarse si persisten las expectativas de tasas altas en Estados Unidos. Una caída adicional podría afectar la rentabilidad de fondos respaldados por oro, generando nuevas ventas. El próximo nivel de soporte técnico relevante se ubica en torno a los u$s4.100 por onza, lo que marcaría un nuevo punto crítico para el mercado.

