Pocas figuras han dejado una huella tan profunda en el flamenco como Pepe Habichuela. Este virtuoso de la guitarra, cuyo nombre real era José Antonio Carmona Carmona, fue una pieza clave en obras fundamentales del género, como “Despegando” y “A Mandeli”, junto a Enrique Morente. Su estilo inconfundible, caracterizado por armonías disonantes y una libertad conceptual única, no solo acompañaba, sino que abría el flamenco a nuevas sonoridades y a la modernidad.
El sonido de los Habichuela trascendió fronteras, y a menudo se le preguntaba a Pepe por el origen de su singular apodo. La historia nos transporta a 1944, a las emblemáticas cuevas del Sacromonte en Granada, donde nació este músico autodidacta que apenas pisó la escuela y que, con solo 13 años, ya le pedía a su padre que le enseñara los secretos de la guitarra.
Existen dos versiones sobre la génesis de este sobrenombre familiar. Una de ellas, vinculada a su aprendizaje, refiere a Juan Gandulla, conocido como “el Habichuela”, un antiguo guitarrista que fue maestro de su padre. Impresionado por su toque, el padre de Pepe adoptó el apodo, convirtiéndose en el “Tío José Habichuela” o “Habichuela el Viejo”.
Sin embargo, Pepe Habichuela tenía una versión preferida, narrada por su madre: “Mi padre un día y otro pedía habichuelas para comer”. Esta anécdota, que él consideraba “con más gracia”, revelaba una faceta de su padre, un hombre “fino” que, a pesar de las limitaciones económicas, disfrutaba de la buena mesa y de vestir con elegancia.
La infancia en el Sacromonte marcó profundamente a Pepe. Desde los diez años, contribuyó a la economía familiar trabajando en un horno de pan y luego en la taracea, un arte de incrustación de piezas en madera. Este origen humilde y el orgullo por su familia fueron las razones por las que, al alcanzar la fama internacional, decidió conservar el apodo que lo unía a sus raíces y a la comunidad gitana de Granada.
Hoy, el apellido Habichuela es sinónimo de una de las sagas más importantes de la guitarra flamenca. Este mote, más que un simple sobrenombre, es un distintivo de honor. El legado continuó con Antonio Carmona, quien, junto a Juan José Carmona Amaya y Antonio Carmona Amaya, formaría Ketama, revolucionando el nuevo flamenco y llevando la tradición familiar a nuevas generaciones.
En los años 60, la familia se trasladó a Madrid, donde en una casa llegaron a convivir hasta quince personas. Desde allí, Pepe Habichuela forjó su leyenda, actuando en los tablaos flamencos y tocando junto a gigantes como Juanito Valderrama, Camarón de la Isla y Enrique Morente, inscribiendo finalmente su humilde apodo con letras de oro en la rica historia del flamenco mundial.
Fuente original: Infobae

