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Domingo 1 de noviembre de 2026
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El enigma de la soja: ¿Por qué la harina vale lo mismo que hace 26 años pese a la creciente demanda mundial?

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La harina de soja, un pilar fundamental para la economía argentina y principal producto de exportación del sector agroindustrial, se encuentra en una situación paradójica. A pesar de que el consumo global de proteína animal —y, por ende, la demanda de este insumo para alimentación— no para de crecer, su precio internacional, ajustado por inflación, se mantiene en niveles similares a los de hace más de un cuarto de siglo.

Esta inusual estabilidad de precios se explica por un cambio estructural profundo en el negocio de la soja. El auge de los biocombustibles, especialmente en Estados Unidos y Brasil, ha convertido al aceite de soja en el motor principal de la molienda industrial. Dado que el procesamiento de una tonelada de soja produce simultáneamente aceite y harina, el incremento en la demanda de aceite genera una sobreoferta de harina en el mercado que no puede ser absorbida al mismo ritmo por el consumo. Esto fue analizado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que advierte sobre las implicaciones para Argentina, el mayor exportador mundial de harina de soja.

Históricamente, Argentina ha dominado el mercado global de harina de soja. Sin embargo, la expansión de la capacidad de procesamiento en Brasil y Estados Unidos, impulsada por la producción de biocombustibles, está reduciendo esa ventaja. Ambos países, tradicionalmente exportadores de porotos de soja, ahora generan excedentes crecientes de harina para exportar, intensificando la competencia. Para la campaña 2026/27, se proyecta que Brasil y Estados Unidos alcanzarán exportaciones récord de harina, aunque Argentina se mantendría en el primer puesto, su liderazgo proporcional se verá significativamente disminuido.

A pesar de este escenario de mayor competencia y abundancia, las perspectivas a largo plazo ofrecen oportunidades para nuestro país. Proyecciones de la OCDE y la FAO indican que hacia 2035, la producción ganadera mundial y el uso de proteínas para alimentación animal crecerán sustancialmente. Asia, particularmente el Sudeste Asiático, concentrará el 80% del aumento de las importaciones mundiales de harinas. En este contexto, Argentina podría consolidar su posición como proveedor clave, proyectándose como el país que más incrementará sus exportaciones conjuntas de harinas proteicas y aceites vegetales.

El desafío para Argentina será aprovechar esta expansión de la demanda global en un mercado que ya no depende exclusivamente de la alimentación animal, sino que está fuertemente influenciado por la dinámica de los biocombustibles. La capacidad de adaptación de la industria argentina a estos nuevos equilibrios será clave para mantener su competitividad y liderazgo mundial.

Fuente original: Clarín

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