Durante siglos, la música fue vista principalmente como una expresión artística o espiritual. Sin embargo, en las últimas décadas, la neurociencia ha revelado que detrás de cada melodía se esconde una compleja red de actividad cerebral. Lejos de ser un simple pasatiempo, la música representa una experiencia profundamente transformadora para el cerebro humano, con un impacto directo en nuestra salud y bienestar.
Este avance en el conocimiento ha generado un cambio de paradigma: las terapias basadas en las artes, como la musicoterapia, son hoy reconocidas como disciplinas del área de la salud, respaldadas por sólidos fundamentos científicos. Utilizando la música como una herramienta terapéutica, se activan y reorganizan conexiones neuronales fundamentales, impulsando así la rehabilitación y el bienestar general.
La licenciada Daniela Arévalo, musicoterapeuta del Equipo de Musicoterapia de INECO y coordinadora del área en la Fundación Favaloro, explica que “la música no es solo un estímulo auditivo; es una experiencia multisensorial que activa múltiples áreas del cerebro de forma simultánea. Escuchar y, especialmente, crear música estimula la corteza auditiva, motora y cerebelosa, mientras que la memoria y las emociones se encienden a través del sistema de recompensa, liberando dopamina y generando sensaciones de placer y bienestar”. Esta capacidad del cerebro para reorganizarse y crear nuevas conexiones, conocida como neuroplasticidad, es el pilar fundamental de la musicoterapia en la rehabilitación neurológica, permitiendo establecer objetivos terapéuticos en áreas como la cognitiva, social, emocional, motora y comunicacional.
Una de las técnicas más destacadas por su impacto positivo es el canto terapéutico. La licenciada Jorgelina Benavidez, coordinadora del Equipo de Musicoterapia de INECO, subraya que investigaciones recientes demuestran los múltiples beneficios del canto en la rehabilitación, incluyendo la mejora de la función respiratoria, la reducción del estrés y la ansiedad al liberar hormonas del bienestar, el fortalecimiento del sistema inmunitario y la estimulación de la memoria en pacientes con demencia y otros trastornos neurológicos. Además, el canto grupal potencia las conexiones sociales y emocionales, siendo un valioso recurso para el desarrollo de la confianza y la autoestima.
El potencial de la musicoterapia se maximiza cuando se integra en un equipo interdisciplinario. La colaboración con profesionales como fonoaudiólogos, neuropsicólogos, kinesiólogos o terapeutas ocupacionales permite un abordaje integral y personalizado. Por ejemplo, mientras la kinesiología trabaja en la recuperación del movimiento, la musicoterapia puede usar el ritmo para mejorar la coordinación motriz. Al fomentar la motivación y la regulación emocional, la música no solo potencia la adherencia al tratamiento, sino que también crea un entorno propicio para la superación personal, demostrando que la sinergia de diferentes disciplinas siempre conduce a mejores resultados.
Fuente original: Infobae



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