El archipiélago de Hawái se encuentra en estado de emergencia tras el violento paso del huracán Lala, que impactó la Isla Grande dejando un saldo trágico de al menos un fallecido, cortes masivos de electricidad y severas inundaciones. La tormenta, que se manifestó con lluvias torrenciales y vientos devastadores, ha provocado un caos generalizado, con rutas anegadas, viviendas dañadas y el cierre preventivo de aeropuertos en varias islas.
Según declaraciones del gobernador Josh Green, la víctima mortal se produjo en un accidente de tránsito en la zona de South Point. El mandatario también confirmó que diecinueve techos fueron arrancados por la fuerza del viento y que alrededor de 190 vuelos experimentaron demoras significativas, reflejando el alcance de la interrupción en la vida cotidiana de los habitantes.
Lala, clasificado como huracán de categoría 1, avanzó con vientos sostenidos de hasta 120 kilómetros por hora. Si bien su trayectoria evitó un impacto directo total en la Isla Grande, lo que habría sido el primero en 155 años, las advertencias por crecidas, oleaje peligroso y deslizamientos de tierra se mantienen activas. El Centro Nacional de Huracanes pronostica fuertes lluvias hasta el domingo, lo que aumenta el riesgo de aludes y riadas repentinas, especialmente en zonas montañosas. El gobernador Green había decretado el estado de emergencia el jueves para movilizar recursos y coordinar la respuesta.
El impacto en los servicios básicos es palpable: más de 124.000 hogares quedaron sin suministro eléctrico al inicio del domingo, y se reportaron numerosos árboles caídos y tendidos eléctricos derribados. La situación se agravó con el arrastre de dos viviendas por inundaciones repentinas en Naalehu y una advertencia del Departamento de Salud por aguas contaminadas. Aeropuertos y puertos comerciales clave cerraron sus operaciones, sumándose al cierre de bibliotecas estatales y la cancelación de actividades escolares.
Residentes como Mike Caputo, capitán de bomberos, expresaron su preocupación por la combinación de inundaciones y la caída de árboles de albizia, que pueden bloquear caminos. Christine Matsuda, otra vecina, describió cómo las ráfagas sacudían su vivienda y el agua se filtraba en lugares inesperados. Este episodio trae a la memoria el huracán Iniki de 1992, el último en tocar tierra en Hawái, que causó seis muertes y daños millonarios, y el último impacto directo en la Isla Grande registrado en 1871.
Las autoridades han reiterado la importancia de permanecer en casa, buscar refugio solo si es estrictamente necesario y evitar carreteras, zonas boscosas y áreas costeras expuestas al oleaje mientras el huracán continúa su desplazamiento hacia las islas menores del archipiélago, manteniendo la alerta máxima en toda la región.
Fuente original: Infobae

