La Guerra Civil Española y los años posteriores sumieron al país en una de las épocas más oscuras y desoladoras de su historia. La miseria y el desabastecimiento extremo se apoderaron de cada rincón, dejando una profunda herida y secuelas traumáticas en toda una generación. En este escenario de escasez absoluta, la población se vio obligada a recurrir a la solidaridad vecinal y a una creatividad sin límites para sobrevivir, buscando desde frutos silvestres hasta raíces y hierbas para complementar una dieta casi inexistente.

Fue en este contexto de necesidad que las cocinas españolas se transformaron en verdaderos laboratorios de supervivencia. Ante la falta total de alimentos básicos, las recetas tradicionales fueron modificadas de formas inimaginables para evitar la desnutrición. Casi un siglo después de la contienda, el prestigioso medio británico The Guardian ha puesto el foco en el libro ‘Recetas de Guerra’ de la chef y escritora española Berta Álvarez Acal, una obra que documenta con detalle estos ingeniosos cambios culinarios.

Entre las preparaciones más sorprendentes que rescata Álvarez en su libro, destaca la clásica tortilla de patatas, pero con una particularidad: ¡sin patatas! Para suplir la ausencia de este ingrediente fundamental, se utilizaba una mezcla de agua, bicarbonato sódico y un poco de aceite para imitar el huevo, y el pan reemplazaba a las papas, logrando una tortilla que, según la chef, era realmente deliciosa. Pero la imaginación no terminaba ahí: también se crearon «calamares fritos sin calamar» (hechos con aros de cebolla) y la «merluza de guerra», que en realidad era bacalao en salazón, entre otras adaptaciones.

La dimensión de la tragedia que asoló España tras la guerra es innegable. El historiador Miguel Ángel del Arco Blanco, de la Universidad de Granada, estima que al menos 200.000 personas murieron de hambre e inanición entre 1939 y 1942. Esta hambruna fue silenciada por el férreo control del régimen franquista, que culpó a la guerra y a la sequía. Para ocultar la realidad, la dictadura implementó medidas como «El día de plato único» o «El día sin postre», mientras el hambre en grandes ciudades como Madrid o Barcelona era «horrorosa», llegando a extremos como la gente abalanzándose sobre un asno muerto por su carne.

Recordar estos episodios es crucial para visibilizar a las víctimas de la posguerra y rescatarlas del olvido, como subraya David Mota Zurdo de la Universidad Isabel I. Esta hambruna marcó para siempre las costumbres de nuestros abuelos, dejándonos hábitos tan arraigados hoy en día como el remordimiento por dejar comida en el plato o la clásica advertencia familiar de «cómetelo todo y que no quede nada». Una historia de resiliencia y dolor que sigue resonando en la cultura alimentaria actual.

Fuente original: Infobae