La economía china creció 5% interanual en el primer trimestre de 2025, según datos oficiales divulgados el jueves, superando las expectativas de economistas que proyectaban un 4,8%. El crecimiento se registró en un contexto de volatilidad global, impulsado por la guerra en Medio Oriente y la inflación de costos energéticos.
Las ventas minoristas, clave para medir el consumo, apenas aumentaron 1,7% interanual en marzo, por debajo del 2,4% esperado. Por el contrario, la producción industrial subió 5,7%, por encima de los 5,3% previstos, aunque menor a los 6,3% registrados en enero y febrero. Mao Shengyong, subdirector de la Oficina Nacional de Estadística, advirtió sobre un entorno internacional «complejo y volátil», con incertidumbres derivadas del conflicto en Irán.
El sector manufacturero sigue siendo un pilar del crecimiento, según Zhou Hao de Guotai Haitong Securities, quien destacó la necesidad de impulsar la demanda interna. Sin embargo, Peng Xin, director de una firma industrial en el sur del país, señaló que la volatilidad en los precios de energía ha convertido cada operación en una negociación constante, con clientes acelerando compras para evitar nuevas subas.
Las exportaciones crecieron solo 2,5% interanual en marzo, una desaceleración drástica frente al 21,8% de enero-febrero, afectadas por el encarecimiento de transporte y la debilidad global. Aun así, en el acumulado del trimestre, las exportaciones subieron 14,7%, muy por encima del ritmo de 2025. Este desempeño refleja una economía con dos velocidades: un sector exportador resiliente y una demanda interna débil.
Los precios de fábrica subieron en marzo por primera vez en más de tres años, indicando que los costos energéticos comienzan a impactar los márgenes empresariales. A pesar de los desafíos, China enfrenta una encrucijada: mantener el equilibrio entre estabilidad macroeconómica y la presión de una economía global inestable, donde incluso sus propios sectores no escapan a la erosión del poder adquisitivo.

