Durante décadas, la logística en Brasil fue vista como una tarea secundaria, casi invisible, que solo ganaba atención cuando surgían problemas como la escasez de productos, el aumento desmedido de los fletes o los retrasos en las entregas. Sin embargo, en la economía actual, esta percepción ha cambiado radicalmente. La logística dejó de ser un simple engranaje para convertirse en un argumento central que define la promesa al cliente, la rotación de capital, la reputación de una marca y la capacidad de una empresa para superar crisis. Quienes aún conciben la logística como sinónimo de «camiones» están intentando competir en el siglo XXI con una mentalidad del pasado.

La visión tradicional de la logística, enfocada en el transporte, los costos por kilómetro y los plazos, fue fundamental para construir la infraestructura física que sostiene el abastecimiento del país. No obstante, hoy resulta insuficiente para comprender su evolución y, más importante aún, lo que necesitará ser en la próxima década. Estamos ingresando a una nueva era: una donde la logística es más estratégica, tecnológica, integrada y, paradójicamente, más humana. Esta madurez del sector fue un proceso gradual, con oleadas de profesionalización desde los años 80, que se aceleró exponencialmente con la llegada del 2020.

La pandemia y los confinamientos transformaron el comercio electrónico en una necesidad imperiosa, poniendo a prueba la eficiencia o la fragilidad de las cadenas de abastecimiento directamente en la puerta de los consumidores. Esta aceleración tuvo un efecto decisivo: la logística comenzó a ocupar un lugar real en la agenda de los consejos de administración de las empresas. Lo que antes era considerado una retaguardia operativa o un «engranaje invisible», pasó a tener un impacto directo en los resultados, la reputación y la competitividad. En un mercado con márgenes ajustados y clientes cada vez menos tolerantes, un buen servicio logístico se traduce en ingresos, mientras que una falla representa una pérdida significativa de valor.

Al escalar a la mesa de decisiones, la logística ya no se limita a responder «cuánto cuesta entregar», sino que debe abordar preguntas fundamentales como «qué nivel de servicio sostiene nuestra estrategia», «qué riesgos de abastecimiento amenazan nuestro crecimiento», «dónde invertir para escalar con resiliencia» y «qué tecnologías nos otorgan ventaja competitiva». Este cambio se ve impulsado por el crecimiento exponencial del comercio electrónico, que no solo implica más pedidos, sino también entregas fragmentadas, presión por plazos más cortos, una logística inversa más intensa, omnicanalidad y la expectativa de una visibilidad total en todo el proceso.

En este escenario, la automatización y la inteligencia artificial dejaron de ser meras tendencias para convertirse en requisitos indispensables, especialmente en la «última milla», donde se concentran los mayores costos, la variabilidad y las excepciones. La automatización relevante va más allá de instalar una cinta transportadora; implica estandarizar procesos, reducir la varianza y acortar los ciclos. La IA, por su parte, actúa como una capa de decisión, conectando la previsión, la ejecución y el control casi en tiempo real. En Brasil, este salto tecnológico ya se manifiesta en soluciones concretas como el ruteo avanzado con replanteamiento dinámico, la inteligencia de direcciones que utiliza procesamiento de lenguaje natural y aprendizaje histórico, la prueba de entrega digital con visión computacional, la orquestación omnicanal y los modelos predictivos de fallas.

La nueva era de la logística en Brasil no se define por una tecnología específica, sino por un cambio fundamental en su rol: de «telón de fondo» a protagonista principal, de mera ejecución a gobernanza estratégica, de un costo a un generador de valor. El desafío a futuro será formar líderes capaces de moverse con soltura entre la operación diaria y las decisiones del consejo, entre el piso del almacén y el análisis de datos, y entre la eficiencia operativa y la experiencia del cliente. En esta nueva economía, las empresas que dominen este arte no solo entregarán más rápido, sino que marcarán el ritmo del mercado y contribuirán a elevar el estándar de competitividad de Brasil en la región.

Fuente original: Infobae