Mientras el General José de San Martín enfrentaba dificultades para desembarcar en Europa en 1824, lejos de allí, en los vastos llanos de Junín, Perú, sus antiguos Granaderos a Caballo se preparaban para escribir una de las páginas más gloriosas de la independencia sudamericana. Bajo el mando supremo de Simón Bolívar, quien había asumido la dirección del ejército libertador tras la partida de San Martín, una fuerza combinada de unos 8000 hombres avanzaba. Entre ellos, un contingente de aproximadamente 250 granaderos, ahora conocidos como Granaderos de los Andes y el Regimiento Río de la Plata, formaba parte de una caballería de 900 hombres liderada por el corajudo Mariano Necochea.
El 6 de agosto de 1824, en la Pampa de Reyes, a más de cuatro mil metros de altura, los ejércitos patriota y realista, comandado por el experimentado José de Canterac, se encontraron. Necochea, con casi 32 años y una trayectoria que incluía San Lorenzo y el Ejército de los Andes, recibió la orden de Bolívar de vencer. Su caballería avanzó por un terreno complicado, entre montañas y pantanos, lo que dificultó su despliegue. Viendo la oportunidad, el enemigo lanzó un ataque feroz. A pesar de los esfuerzos, los patriotas fueron superados, y Necochea, al frente, lanzó un contraataque desesperado. En medio del fragor, su figura se destacó, sableando sin descanso, hasta que fue alcanzado por varias lanzas y sablazos, cayendo herido y prisionero.
Con Necochea herido y la caballería patriota en apuros, Bolívar consideró la retirada. Sin embargo, en medio de la persecución realista, el teniente coronel Manuel Isidoro Suárez, un joven de 22 años y veterano granadero, observaba la situación. Sin recibir órdenes de un Bolívar que se retiraba, Suárez tomó la iniciativa. Con sus Húsares del Perú, lanzó un ataque sorpresa por el flanco y la retaguardia de la confiada caballería española, que ya celebraba su victoria. La audaz maniobra desorganizó completamente a los realistas, y con la posterior intervención de Guillermo Miller al frente de otros escuadrones patriotas, la balanza se inclinó definitivamente a favor de los libertadores.
La Batalla de Junín, que duró apenas 45 minutos y se libró exclusivamente con lanzas y sables, sin un solo disparo, se convirtió en una victoria clave. Bolívar, al regresar al campo de batalla, reconoció públicamente la crucial intervención de Suárez, renombrando a sus tropas como ‘Lanceros de Junín’. Aunque el parte oficial no le dio todo el crédito, la historia recuerda la humildad de Necochea quien años después presentó a Suárez a su esposa como ‘el verdadero vencedor de Junín’. Ambos, héroes de la independencia, sufrieron las consecuencias de la guerra: Necochea, con sus heridas, y Suárez, exiliado tras disputas políticas. Sus legados, sin embargo, perduran como símbolos del coraje y la determinación en la lucha por la libertad de América.
Fuente original: Infobae





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