El artista Banksy sorprendió nuevamente al instalar una estatua en la Plaza Waterloo de Londres durante la noche del jueves, sin permiso oficial del Ayuntamiento de Westminster. La obra, una figura de resina vestida con una bandera que le tapa la cara, se interpreta como una crítica al nacionalismo enceguecedor.
Según testimonios, un pequeño grupo de operarios utilizó un camión de plataforma baja y conos de tránsito para instalar la escultura en minutos. La estatua, que representa a un hombre a punto de caer al abismo, fue elevada al pedestal mediante un gancho, evitando así la necesidad de permisos oficiales.
La escultura se encuentra en un área cercana a otras obras históricas como las de Eduardo VII y Florence Nightingale, rodeada de edificios gubernamentales y embajadas. El Ayuntamiento de Westminster, aunque no había solicitado permiso, reconoció la instalación como una «incorporación impactante» al arte público de la ciudad.
Este no es el primer caso de Banksy en Londres. En 2004, la escultura «El bebedor», basada en «El pensador» de Rodin, fue retirada y luego reinstalada. Sin embargo, la nueva obra de Banksy, por su tamaño y ubicación, parece más difícil de robar que anteriores instalaciones.
El Ayuntamiento estudia opciones para proteger la escultura, pero por ahora la dejará accesible al público. La obra, como siempre, mantiene la enigmática autoría de Banksy, quien confirmó su autoría mediante un video compartido en Instagram.
La instalación refleja la capacidad de Banksy para desafiar normas y provocar reflexión en espacios públicos, cuestionando los límites del arte y la política en la sociedad contemporánea.

