La escuela cambió, pero todavía no terminó de entender cómo. En las aulas de hoy conviven la enseñanza de la lectura y la escritura, las matemáticas, los celulares, las plataformas digitales y la inteligencia artificial, todo al mismo tiempo y compitiendo por la atención de los chicos. La pregunta que surge es cómo articular todo eso sin que ninguna dimensión quede aplastada por las otras.
Esa fue la pregunta central que guió el panel «Tres puertas para transformar la enseñanza», uno de los encuentros más destacados del VII Seminario de Innovación Educativa organizado por Ticmas en la Feria del Libro. Participaron Fernando Salvatierra, especialista del Programa de TIC en el IIPE UNESCO para América Latina y el Caribe; María Sol Alzú, analista de Datos y Políticas Educativas en Argentinos por la Educación; y Mariana Ferrarelli, directora de Estrategia de IA en Educación en la Universidad de San Andrés. La moderación estuvo a cargo de Patricio Zunini, y la propuesta fue abordar tres grandes campos —lectura y escritura, matemática y educación digital— como partes de una misma conversación sobre cómo se enseña hoy.
Salvatierra fue el primero en tomar la palabra y lo hizo con una afirmación que, en el marco de la Feria del Libro, sonó casi a desafío: alfabetizar ya no se reduce a enseñar a decodificar letras. «Suena casi herético decirlo acá», reconoció, aunque aclaró que precisamente por eso valía la pena plantearlo. El libro, sostuvo, sigue siendo un objeto fundamental que la humanidad construyó para formar pensamiento crítico. Pero leer, escribir, calcular y moverse en el mundo digital ya no pueden tratarse como aprendizajes aislados y sin conexión entre sí.
«Cuando la lectoescritura, la matemática y la educación digital se abordan por separado, cada una pierde potencia. Juntas nos enseñan a interpretar y a actuar en el mundo», planteó Salvatierra. En esa línea, recuperó una idea que la UNESCO viene desarrollando hace más de una década: la noción de alfabetización de futuros. No se trata de agregar un número a la palabra —»Alfabetización 2.0″ o «3.0»—, sino de un cambio más de fondo. Mientras que la alfabetización tradicional apuntaba a comprender el mundo, esta nueva perspectiva suma una dimensión extra: la posibilidad de intervenir en él y transformarlo.
Desde el campo de la evidencia educativa, María Sol Alzú retomó esas ideas y las ancló en datos concretos. Señaló que las tres áreas pueden pensarse como tres lenguajes distintos para leer la realidad, pero aclaró que la comprensión lectora funciona como una base que condiciona todo lo demás. Desde Argentinos por la Educación, contó, detectaron que las dificultades en lectura repercuten directamente en el rendimiento en otras materias. «Desde muy chicos vemos que el 55% de los estudiantes de tercer grado no alcanza las habilidades lectoras esperadas para su edad», señaló. Y puso un ejemplo habitual en las aulas: chicos que dominan las operaciones matemáticas básicas pero no logran resolver un problema porque no entienden qué les está pidiendo el enunciado.
Ese desfasaje no se corrige solo. Alzú habló de un «efecto bola de nieve» que se va acumulando a lo largo de toda la trayectoria escolar, desde la primaria hasta el final de la secundaria. Y ahí aparece una paradoja que muchos docentes conocen bien: estudiantes que terminan un nivel educativo sin haber consolidado los conocimientos fundamentales. La escuela certifica recorridos, pero no siempre puede garantizar que detrás de esos papeles haya aprendizajes reales.
Ferrarelli, por su parte, introdujo el concepto de alfabetismos aumentados. Para ella, alfabetizar es ayudar a hacer distinciones: entre letras, números, símbolos, lenguajes digitales. «Me gusta pensar las alfabetizaciones como la capacidad de distinguir», explicó. Y enseguida amplió el panorama: en un mundo atravesado por deepfakes, desinformación, estafas digitales y contenidos generados por inteligencia artificial, saber leer y escribir ya no es suficiente si no se incorporan otras herramientas y saberes. «Necesitamos ese conocimiento que nos permite hacer distinciones y tomar decisiones informadas», sostuvo.
El debate dejó una pregunta abierta que excede al panel y le pertenece a todo el sistema educativo: ¿cómo debe responder la escuela ante lo que algunos especialistas llaman el «currículum paralelo de los algoritmos»? Es decir, ese conjunto de contenidos, lógicas y valores que plataformas y redes sociales les transmiten a los chicos fuera del aula —y también dentro— sin que ningún docente lo haya planificado ni ningún ministerio lo haya aprobado.
Fuente original: Infobae



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